Una festividad para invitar a todos a descubrir el tesoro de la Palabra


Vatican.va Hoy, 22 de enero, III Domingo del Tiempo Ordinario, se celebra el IV Domingo de la Palabra de Dios. Tras exponer los motivos y recorrer su historia, preguntamos a monseñor Valentino Bulgarelli, subsecretario de la CEI, por el significado de algunos aspectos de esta solemnidad instituida por el Papa Francisco en 2019.

Maria Milvia Morciano – Ciudad del Vaticano

La Carta Apostólica en forma de Motu proprio Aperuit illis, entregada por el Papa Francisco el 30 de septiembre de 2019, explica que «Dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable«. Una jornada, por tanto, dedicada “a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios” que “haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura”.

Por qué en el día de San Jerónimo

Es un día elegido conscientemente, porque el 30 de septiembre se conmemora al gran padre y doctor de la Iglesia Jerónimo. En particular, en 2019 se celebró el 1600 aniversario de su muerte. San Jerónimo, autor de la Vulgata, es decir, la primera traducción completa de la Biblia en lengua latina, a petición del papa Dámaso I a finales del siglo IV, puso en orden y sustituyó las versiones anteriores en lengua hebrea y griega. 

Las Escrituras se pusieron así al alcance de todos y todos pudieron leerlas y comprenderlas.
Y así es como el Papa Francisco, en el Aperuit illis, cita una de las frases más famosas e icónicas de San Jerónimo: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo»
(cf. Del Prólogo al Comentario al profeta Isaías).  

Valor ecuménico del Domingo de la Palabra de Dios

El día elegido es el tercer domingo del Tiempo Ordinario: también en este caso hay un motivo preciso, porque estamos en la Semana de oración por la Unidad de los cristianos, y cerca de la Jornada de diálogo entre católicos y judíos, «en un momento oportuno de ese periodo del año, – escribe el Papa Francisco en el Aperuit illis – en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad«.

Empezar por las pequeñas cosas

«En medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino que nos habla de vida«. Lo recordaba el Papa Francisco el 26 de enero de 2020, con ocasión de la primera celebración del Domingo de la Palabra de Dios. Para escuchar y comprender la palabra del Señor, recomienda el Papa, hay que empezar por las pequeñas cosas, como leer «algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo o en el bolso, veámoslo en la pantalla del teléfono«.

En su homilía del 24 de enero de 2021, el Papa Francisco repite que la Palabra de Dios «es la carta de amor escrita para nosotros por Aquel que nos conoce como nadie más. Leyéndola, sentimos nuevamente su voz, vislumbramos su rostro, recibimos su Espíritu. La Palabra nos acerca a Dios«. El Pontífice volvió sobre la cercanía de Dios: «»Dios no está —como muchas veces estamos tentados de pensar— allá arriba en los cielos, lejos, separado de la condición humana, sino que está con nosotros«.  Una cercanía que se hace concreta:

La Palabra de Dios nos permite constatar esta cercanía, porque —dice el Deuteronomio— no está lejos de nosotros, sino que está cerca de nuestro corazón (cf. 30,14).

Y finalmente el año pasado, en su homilía del 23 de enero de 2022, el Papa Francisco dice que «En el centro está Dios con su Palabra. Está al centro, revela a Dios y nos lleva al hombre» (…). La Palabra que se ha hecho carne (cf. Jn 1,14) quiere encarnarse en nosotros. No nos aleja de la vida, sino que nos introduce en la vida, en las situaciones de todos los días, en la escucha de los sufrimientos de los hermanos, del grito de los pobres, de la violencia y las injusticias que hieren la sociedad y el planeta, para no ser cristianos indiferentes sino laboriosos, cristianos creativos, cristianos proféticos”.

Ver también

El Papa Francisco celebra el cuarto domingo de la Palabra de Dios


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