Dios nos habla


DIOS NOS HABLA.
El Shabat 22 de enero de 2022 del calendario gregoriano, 20 de Shevat de 5782 del calendario hebreo, leímos en la Torá la parashá (sección) Itró (Éxodo 18:1 – 20:23)

La Revelación de Dios en Sinaí, fue un momento único, no solamente en la historia judía sino en la historia religiosa de la humanidad, el único momento en el que se dice que Dios habló a toda una nación.

“Y todo el pueblo percibía los truenos y los relámpagos y el sonido del shofar y la montaña humeante. Lo vio el pueblo, se conmovieron y se mantuvo a lo lejos” (Éxodo 20:15)
Esta conmoción y esta toma de distancia indica el estado en el cual se halla sumido el ser humano cuando está frente a lo trascendental y a lo sublime. “Dijeron a Moisés, habla tu con nosotros y obedeceremos, empero que no hable con nosotros Dios, no sea que vayamos a morir” (Éxodo 20:16) “Estas son las palabras que el Señor les dirigió en la montaña, cuando todos ustedes estaban reunidos. Él les habló con voz potente, desde el fuego, la nube y una densa oscuridad. No añadió nada más, sino que escribió esas palabras en las dos tablas de piedra que me entregó.

Cuando oyeron la voz que salía de las tinieblas, mientras la montaña ardía envuelta en llamas, todos ustedes, jefes de tribu y ancianos, se acercaron a mi y me dijeron: El Señor nuestro Dios nos ha mostrado Su gloria y Su grandeza, y hemos oído su voz que salía desde el fuego. Hoy hemos visto que Dios puede hablar con los hombres sin que por eso mueran. Pero ahora, ¿Por qué tendremos que morir, consumidos por este gran fuego? Si seguimos escuchando la voz del Señor, nuestro Dios, seguramente moriremos. ¿Hay acaso algún hombre que pudo sobrevivir después de haber oído la voz del Dios viviente que le hablaba desde el fuego, como lo hemos oído nosotros?

Por eso, acércate y escucha lo que dice el Señor, nuestro Dios, y luego repítenos todo lo que Él te diga. Nosotros lo escucharemos y lo pondremos en práctica. Cuando el Señor oyó las palabras que ustedes me dirigieron, me advirtió: He oído las palabras que te dijo este pueblo. Todo lo que han dicho esta muy bien. ¡Ojalá que siempre estén dispuestos como ahora a tenerme y a cumplir mis preceptos! Así ellos y sus hijos serán siempre felices”. (Deuteronomio 5:22/29)

En aquella época, hace unos cuantos muchos años atrás, el ser humano consideraba, en su interior, que si hablaba con Dios o si lo veía cara a cara podía morir.

“Entonces Manoaj (padre de Sansón) reconoció que aquel hombre era el Ángel del Señor, y dijo a su mujer: ¡¡Vamos a morir, porque hemos visto a Dios!!!!
(Libro de Jueces 13:21/22)

Es por ello que le pidieron a Moisés que sea el intermediario entre el pueblo y Dios y todo lo que escuche lo repita y ellos cumplirán con ello.

En cambio, hoy, siglo XXI, año 2022, nos cuesta mucho a los seres humanos escuchar, los elementos tecnológicos, de los cuales dependemos, nos “envían mensajes” de los que estamos pendientes y no necesitamos hablar y tampoco escuchar.

Es por ello que no escuchamos a Dios.

Vivimos en un mundo pagano e idolatra dado que hemos expulsado a Dios de nuestras vidas, nos consideramos autosuficientes, y todos los elementos con pantalla los hemos transformado en “dioses”, sin ellos no podemos vivir.

En el libro Éxodo Dios habló a las personas que estaban allí reunidas. ¿Cómo habla Dios? Es una voz que podemos escuchar solamente prestando atención, no solo con los oídos sino también con el corazón.

“Y dijo Dios todas estas palabras: Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud” (Éxodo 20:1/2)

Dios dijo palabras, no fueron mandamientos, no ordenó nada a nadie por el contrario se presenta diciendo que es Dios “el libertador” por ende no manda a nadie.

Al mismo tiempo es importante decir que Dios nos dio el “libre albedrio” por lo tanto, no ha de coartarnos dicha libertad, con órdenes.

Entendemos que el Creador de todo lo existente, el Libertador también es un Gran Maestro dado que nos educa para que podamos, con sus enseñanzas, aprender a vivir felices. ¿Aprendemos?

A las palabras que Dios dijo en el monte Sinaí se les dio el nombre de los “diez mandamientos” y/o el “decálogo” cuando en realidad nos entregó la Torá, la enseñanza.

Existe un texto post-biblico llamado “Pirkei Avot” que fue traducido como “Tratado de Principios”.
En su capítulo I, mishna 1 dice: “Moisés recibió la Torá en el Monte Sinaí y la transmitió a Josué…”
Es decir que Moisés recibió de Dios en forma oral la Torá.

Así es como Dios Se revela. Así es cuando Dios Se revela.

No como una fuerza, un poder o un gran “ello”, o un concepto”, sino que cuando Dios Se revela es cuando Dios habla.

Es a través del discurso, del lenguaje, de palabras, que ese punto – cielo y tierra- se conecta.
A través de palabras Dios creó el mundo. Vaiomer Elokim iehi – Y Dios dijo “que sea”- y fue.
A través de palabras, los seres humanos crean orden.
Lo primero que hace Adam es nombrar a los animales.
A través de palabras. Adam se relaciona con el primer “otro” en la historia, el primero otro relevante.
Zot hapa’am – Esta vez (encontré) etzem miatzamei – hueso de mi hueso- basar mibasari – carne de mi carne-. Y a través de la palabra se construye la sociedad.

La revelación del Monte Sinaí tuvo tres principales objetivos:

1)Mostrar a las personas allí reunidas, quién era su Dios a través de una asombrosa experiencia personal

2) hacer que el pueblo de Israel crea en Moisés como el profeta de Dios a modo que aprendan las enseñanzas que él recibiría en el desierto, y, final y principalmente,

3) establecer el pacto de Dios, Su Torá. Sus palabras personalmente a los oídos de los allí reunidos para que con su libre albedrío decidieran si cumplir o no el pacto, de Dios.

Cumplamos el pacto de Dios. Encontrémonos, dejemos el distanciamiento que los seres humanos han creado, que nosotros hoy continuamos, todos somos valiosos, únicos e irrepetibles, y traigamos el Reino de Dios, o

reparemos el mundo bajo el Reinado de Dios.

No hacen falta vestimentas diferentes, debajo de las ropas que nos cubren

somos los varones todos iguales y las mujeres también son iguales.

Dios no necesita rituales y menos que sean distintos, necesita y ello nos pide que nos encontremos de corazón a corazón y que dialoguemos entre

nosotros, de esa manera Dios estará sonriendo entre nosotros.

Amanda Adriana Arimayn. Arquitecta Arieh Sztokman. Rabino

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