“La Asamblea Eclesial es una verdadera experiencia de amplitud eclesial donde lo esencial es el ejercicio de escucha”


Prensa Celam. El CELAM vivía la semana pasada su 38ª Asamblea General, donde el proceso de renovación y reestructuración fue su tema fundamental. De ella participaba Mauricio López, coordinador del nuevo Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral.

En esta entrevista, Mauricio reflexiona sobre algunos aspectos importantes de ese proceso, así como de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que está viviendo su proceso de escucha. Alguien que conoce las dinámicas de lo que es una Iglesia sinodal, nos ayuda a adentrarnos en lo que significan estos nuevos caminos que están siendo emprendidos por la Iglesia latinoamericana y caribeña.

Proceso de renovación y reestructuración

El CELAM acaba de celebrar su 38ª Asamblea General, donde el tema principal fue el proceso de renovación y reestructuración, al que la asamblea ha dado el aval para continuar ese camino. ¿En qué parámetros crees que debe avanzar ese proceso, que como decía Mons. Miguel Cabrejos, es un camino que debe continuar siendo recorrido por lo menos en los dos próximos años?

Para mí ha sido una experiencia muy significativa el reconocer que, en la Iglesia, y sobre todo en las estructuras de la Iglesia, se está tendiendo más a procesos que implican discernimiento. Y es que, a pesar de una cierta incertidumbre o ansiedad de algunos sectores, pocos, de la Iglesia latinoamericana y del episcopado de la región, lo que se vivió fue una toma de conciencia del mandato que dio la asamblea anterior en Tegucigalpa.

En él había una serie de elementos que para mí fueron muy claros en este proceso discernimiento: el llamado era a hacer una parada, parar las actividades, frenar ese activismo que había llevado al CELAM, si bien con una serie de actividades significativas, a ser más como un espacio basado en eventos. El mandato era tratar de hacer un verdadero discernimiento sobre dónde está la relevancia, el llamado esencial del CELAM en este momento de la historia. ¿A qué nos llama Dios en este momento como Iglesia en América Latina?

El segundo elemento clave es que había un pedido frontal y claro de repensar el modelo pastoral del CELAM, que, aunque a algunos les ha generado un poco de resistencia, en la mayoría de los casos percibimos que hay una necesidad de un cierto aggiornamento o actualización para poder encontrar cuál es el modelo pastoral más consistente con los signos de los tiempos, pero también con lo que el Magisterio de la Iglesia, tanto el latinoamericano como el universal, nos está diciendo.

El tercer elemento era superar esta idea de cortar y pegar los programas y departamentos, para, de hecho, renovar y reestructurar el CELAM. Esta asamblea, lo que ha sido es la confirmación de un proceso en marcha. Ahora podemos decir que tenemos un aval contundente, sin lugar a dudas, con algunas observaciones, sobre la confirmación de la apuesta esencial y de fondo en cuanto a la propuesta de reestructura y reorientación en la perspectiva pastoral.

Pero tenemos dos años hacia adelante, donde vamos a comenzar a explorar los modos de implementación de algunas cuestiones que son innovadoras, otras que representan nuevos desafíos, otras que son modos de reorganizar lo ya existente, y ciertamente también de continuidad con algunas de las cosas que ya se venían realizando. Lo que evalúo es que hemos sido fieles al mandato de los obispos de Tegucigalpa para hacer un proceso de evaluación y discernimiento, y tenemos ahora una confirmación necesaria sobre el rumbo que debemos seguir.

Viene la segunda mitad de este ciclo de 4 años, que no será de un activismo descontrolado, sino de tratar de ir explorando, profundizando y madurando propuestas que ojalá puedan permanecer para otros cuatro u ocho años más adelante. Ojalá el CELAM vaya abrazando cada vez más esta idea de continuidad de procesos, más allá de las gestiones temporales que se concluyen y viene otro cambio drástico, pues estas gestiones son, al final de cuentas, medios y no fines en sí mismos.

Los nuevos centros pastorales

Dentro de ese proceso de renovación y reestructuración, se ha pasado de los antiguos siete departamentos a los cuatro nuevos centros. Como coordinador del Centro de Acción Pastoral, ¿cómo esos nuevos centros pueden influir en la vida pastoral del CELAM y de la Iglesia latinoamericana y del Caribe?

Lo primero es que los cuatro centros quieren ser centros pastorales, aunque el CEPRAP, que es el Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral, que ahora tengo el privilegio de servir, es el que tiene un más específico enfoque de acompañar la acción inculturada o encarnada. Hay dos novedades que son una respuesta a los signos de los tiempos, una es el centro de gestión del conocimiento, que asume de modo permanente la metodología pastoral de discernimiento de la realidad, una que se suele asociar a un pequeño momento en el tiempo, y que después se abandona. Este centro busca hacer un permanente análisis de la realidad, que muchas veces era un servicio externo o una actividad puntual, para convertirlo en un elemento permanente de toda la visión pastoral del CELAM.

Esto es el Centro de Gestión del Conocimiento, con una lógica de escucha permanente, lectura de la realidad, y un ayudar a las Conferencias Episcopales y al CELAM en su conjunto a dilucidar las llamadas esenciales que el Espíritu nos hace en esta América Latina y el Caribe. Ahí hay una novedad clave que es consistente con el momento que estamos viviendo y los cambios eclesiológicos.

La segunda novedad es el Centro de Comunicación, que era apenas un departamento con una lógica más de servicio interno, y que hoy que se convierte en un genuino espacio pastoral. Es decir, un centro que irá acompañando la acción pastoral con las narrativas y los instrumentos comunicacionales que dan cuenta de todos los aspectos de la realidad que vamos viviendo. Una respuesta ante la situación de la posverdad y las fake news que vivimos hoy. La idea es ir generando una narrativa que refleje la ética de lo que la Iglesia quiere aportar. Se trata de dar horizontes y rumbos desde una visión crítica de la realidad, y también ofrecer los servicios específicos como la propia editorial que está generando el CELAM.

Luego tenemos el CEBITEPAL, que de alguna manera quiere pasar de ser un excelente proveedor de servicios formativos, a ser una instancia que acompaña la realidad en su conjunto y las situaciones específicas pastorales con itinerarios formativos que se tejen junto con los propios actores. Ya no es solo una oferta de servicios, sino la creación de contenidos de excelencia, a la luz de la realidad concreta. Estos aspectos están todavía por consolidarse, pero esta es la apuesta.

El Centro de Programas y Acción Pastoral busca fundamentalmente abrazar la eclesiología del Pueblo de Dios, donde todo bautizado está llamado a ser parte de la experiencia de fe evangelizadora y de construcción de Reino. En ese mismo sentido busca responder a dos grandes dimensiones pastorales, una es la parte de la Iglesia en cuanto identidad: Iglesia sinodal en salida, y por otro acompañar los gritos específicos donde la Iglesia tiene que responder en medio de la realidad, sobre todo con los más vulnerables, mediante lo que llamamos el eje de desarrollo humano y ecología integral.

Las prioridades del Centro de Acción Pastoral se han tornado en prioridades generales del CELAM, y lo que está por verse, tenemos ese gran desafío, es cómo estos cuatro centros no solo reducen el peso estructural, sino ver si consiguen articularse para responder de manera integrada ante realidades puntuales. Ya estamos haciendo algunos buenos ejercicios en el tema de migraciones con la red CLAMOR, hemos hecho ya experiencias previas con la Red Eclesial Panamazónica, la REPAM, pero todavía veo un serio desafío en cuanto a que la necesidad de consolidar nuestros procesos en cada centro, y el activismo y la carga cotidiana, nos podrían impedir alcanzar una verdadera integración.

La novedad de la Asamblea Eclesial

En esa nueva eclesialidad en América Latina, en el CELAM, ¿podríamos decir que eso es algo que se concreta con la inédita Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe?

En cierto modo, esta eclesiología más asociada al Pueblo de Dios, viene desde las premisas del Concilio Vaticano II, sobre todo la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, la Lumen Gentium, que comienza con la perspectiva de Iglesia Misterio, la presencia de Dios en el mundo, y luego Iglesia Pueblo de Dios. Todo lo que está haciendo el CELAM está en línea con eso, pero si visitamos las más recientes reflexiones del Magisterio latinoamericano, es lo que plantea Aparecida también.

Toda esta mirada de conversión pastoral, conversión social, conversión ecológica, y conversión cultural, que de alguna manera se plasman en los aspectos prioritarios del pontificado de Francisco. Es decir, la Evangelii Gaudium, conversión pastoral; la Laudato Si, conversión ecológica; la conversión cultural asociada a Querida Amazonía; y la conversión social, presente en Fratelli Tutti. Todos estos elementos tienen un sello, no único o excluyente, pero sí un fuerte sello eclesiológico del Pueblo de Dios actuante.

En este sentido, debemos entender a la Asamblea eclesial de América Latina y el Caribe; como un instrumento más, que, como bien dices, hace parte de esta eclesiología, y que lo que quiere es ser una herramienta. Hemos hablado hasta hace poco de tres columnas que sostienen al CELAM, ahora esto se ha ampliado. Una era la parte de la renovación y la reestructuración, otra era la creación de estructuras inéditas con un enfoque más amplio eclesial, como la Conferencia Eclesial de la Amazonía, la CEAMA, y la tercera columna la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que hace un recuerdo de Aparecida, y que quiere ser, no solo una continuidad de Aparecida, sino un proceso nuevo. En línea con los nuevos caminos que quería el Sínodo amazónico. Esta Asamblea eclesial quiere ser una expresión de esos nuevos caminos para seguir en la escucha permanente, para seguir motivando la participación efectiva del Pueblo de Dios, y una experiencia que va mucho más allá de la gestión actual del CELAM o de la Asamblea misma como tal.

Importancia del proceso de escucha

En esta Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe se ha visto que es muy importante el proceso de escucha. ¿Cómo incentivar a las Iglesias locales de América Latina y del Caribe a incentivar esa escucha? ¿Cuál es la riqueza que se puede encontrar en ese proceso de escucha y de dónde viene la importancia que debemos darle?

Hay una frase que me ha marcado mucho, presente en un documento que lamentablemente es poco conocido, es una Constitución Apostólica, otro género de documento vaticano, que se llama Episcopalis Communio, la cual se refiere a un aspecto más organizativo, estructural, del Sínodo de los Obispos. Pero ahí hay una frase sobre el anhelo de una Iglesia más sinodal, que se refiere al espíritu que debe conducir esta dinámica de caminar más juntos y juntas que dice: “todo proceso sinodal debe comenzar necesariamente con la escucha al Pueblo de Dios, y, al mismo tiempo, todo proceso sinodal debe de concluir volviendo al Pueblo de Dios”.

Esa es una premisa que de cierto modo los sínodos recientes han ido desatando y desarrollando, y quizás de manera más explícita el Sínodo amazónico porque estaba más focalizado en un territorio. Este Sínodo Especial ofreció un modo inédito de participación del Pueblo de Dios que no era un modo marginal, era un modo igualmente importante, con el mismo peso, en el sentido en cómo estaba asociada su voz a la elaboración de los documentos que iban marcando el rumbo del Sínodo.

Esta es la experiencia que hemos querido asumir para la Asamblea eclesial, pero es una experiencia desestructurante para quienes no quieren cambios en la Iglesia. Para aquellos que tienen un deseo genuino de ir en camino a esa conversión permanente, que tienen una disposición para escuchar la novedad del Espíritu y abrirse al cambio, esto es una buena noticia. Esta escucha regional es compleja y pide un manejo diferente de los canales de comunicación, y es ceder un poco el poder o la verticalidad, que a veces está muy asociada al clericalismo. Este modo de escucha quiere dar más espacio al “sensus fidei”, que es el Espíritu Santo que también se hace presente en el Pueblo de Dios.

Sin embargo, hay muchas estructuras eclesiales, en todos los niveles, que al final del día nos están mostrando que no hay una genuina libertad interior sobre este ser una Iglesia “Semper Reformanda” , sino que hay un cierto apego a las estructuras. Se entiende que hay algunas que han funcionado, que han dado sentido, no se trata de sustituirlas sino de seguirlas plenificando, pero el modo en el que Espíritu se revela, nos muestra nuevos caminos también.

En la escucha que estamos planteando para la Asamblea eclesial es sin intermediación. Así lo pidió el Papa, en el sentido de que todo el Pueblo de Dios pudiera participar. También las condiciones de la pandemia nos orillaban a buscar modos más directos de participación. En este aspecto, lo que esperamos es que sea una escucha donde todas las voces sean incorporadas para el discernimiento. Para algunos esto significa perder un poco el poder, perder un poco el control, pero tengo la impresión de que así son las novedades del Espíritu. El Espíritu Santo aletea donde quiere y como quiere, se siente más como una brisa suave.

Quienes se oponen abiertamente a esta dinámica de escucha, es quizás porque han experimentado un modo de ser Iglesia mucho más centrado en el poder y la estructura, y no tanto en el sentido de servicio, de entrega en clave de Evangelio, de ser Iglesia en salida en medio de la realidad concreta.

Aprendizajes del Sínodo para la Amazonía

¿Qué nos enseñó el Sínodo para la Amazonía en esa dimensión de la escucha, y cuál fue la importancia que la escucha tuvo en el desarrollo posterior de todo el proceso sinodal?

Lo primero es que confirmó, más que enseñó, la fuerza de la intuición del sensus fidei in credendo, el sentir en la fe del pueblo cuando cree, y que incluso el Papa expresa que, aludiendo al Concilio Vaticano II, “es infalible”. El Sínodo amazónico, en cierto modo, marcó un antes y un después en la amplitud de la escucha para lograr la mayor participación del Pueblo de Dios.

Ha confirmado que hay una verdad eclesiológica que el Pueblo de Dios cuando cree, no es un elemento marginal, secundario. Por el contrario, hay una verdad del Espíritu en la fe del pueblo, por estar justamente enraizada en una vivencia encarnada, y ello le da incluso un grado de autoridad mayor desde el encuentro cotidiano Jesús.

Lo que también nos ha enseñado es que es posible hacer de manera abierta y con una claridad metodológica estos procesos de escucha, de modo que también puedan incorporarse en el itinerario tradicional de estos caminos eclesiales formales. Por ejemplo, en el momento de la elaboración del Instrumentum Laboris para el Sínodo amazónico, de la síntesis sobre la escucha que tuvimos el privilegio de acompañar y coordinar como REPAM, vimos cómo un alto porcentaje de ella se convirtió en los postulados y contenidos esenciales que recogía el Instrumentum Laboris. De ahí surgieron los postulados que fueron discernidos en la Asamblea y que tienen gran impacto en el Documento Final y también en la Exhortación del Papa.

La otra gran enseñanza fue superar el miedo a voces distintas, voces quizás no doctas, no formadas en el sentido tradicional, pero que se tornan en voces que testimonian vida desde el territorio, voces improbables, voces de periferia, de pueblos originarios, de comunidades, de organizaciones, la voz de mujeres también, que, aunque no tenían un número suficientemente representativo, eran voces contundentes, proféticas.

Cuando en el Sínodo amazónico se abandonó la escucha al Pueblo de Dios, cuando se dejó a un lado las voces del territorio, y se convirtió en una pugna de ideologías en conflicto, entre el extremo más “conservador” y el extremo más denominado “progresista”, lo que constatamos es que se perdía el sentido de discernimiento. En ese momento los postulados perdían fuerza porque se convertían en pugnas de ideas, y no en reflejo de las voces del territorio, y lo que hicieron es que retardaron la posibilidad de cambios necesarios, legítimos, en el proceso eclesial.

Pero también es verdad que al Sínodo amazónico no le tocaba todo, el Sínodo amazónico no era un concilio para la Iglesia; era una consulta a una porción de la Iglesia Pueblo de Dios, por parte del Santo Padre, sobre un tema específico, y sobre las necesidades particulares de un territorio.

Posibles caminos de futuro

¿Cuáles son las perspectivas de futuro que la Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe abre, no solo a nivel local, sino también a nivel universal?

La Asamblea eclesial, igual que con el Sínodo amazónico, ha recibido muchas lecciones de otras experiencias, pero tiene un rasgo inédito porque su alcance es regional latinoamericano. Lo que hace este Asamblea es instituir de una manera más formal, sin precedentes, un modelo asambleario regional que no es una conferencia del episcopado, sino una verdadera experiencia de amplitud eclesial donde lo esencial es el ejercicio de la escucha y participación amplia de todo el Pueblo de Dios.

Lo esencial es lo que puede producir en cuanto a esta praxis y en cuanto a esta pedagogía de la escucha, incluso más allá de los documentos que pueda producir. Todas las experiencias sinodales, en cuanto transformadoras de la realidad, lo son a partir de la experiencia vivida. El camino es la experiencia. No se trata de los frutos en el sentido de resultados tradicionalmente esperados. El verdadero fruto es el cambio de la praxis eclesiológica y la pedagogía de la escucha que se produce al salir de uno para escuchar al otro, y crear una alteridad que permita los nuevos caminos.

Podemos crear maravillosos documentos, la Iglesia los ha tenido, pero uno siempre se pregunta cuáles son los frutos concretos. Las praxis realizadas después de ellos son a veces bastante reducidas. Aquí en cambio podemos decir, por experiencias como estas, y a eso aspira la Asamblea eclesial, la reforma del CELAM, o la propia experiencia del Sínodo, lo que vamos es constatando cambios de fondo, de estructura, que se van suscitando en el camino y en la experiencia misma.

Los frutos tradicionales, como documentos y demás, son buenos, son inspiradores, pero el sentir es que se está dando otra praxis, fiel a la identidad de la Iglesia, en su llamada al seguimiento de Jesús, pero creando nuevas perspectivas. Porque al final del día, puede ser que, en estas experiencias como acontecimientos, la participación puede ser más reducida. En cambio, en cuanto a proceso, la participación es amplísima y uno pregunta a quienes participan de ese proceso y sienten mayor pertenencia a la Iglesia, mayor compromiso, sienten que pueden proponer y hacer que esos cambios se den. En general, la respuesta es que siempre y cuando sean desde una expectativa genuina, de la Iglesia en su conjunto, no de la Iglesia que yo pretendo imponer y que todos asuman como tal, porque eso ciertamente no lo encontrarán.


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