Fragilidad de nuestro mundo. El perdón: la grandeza y la dignidad de las víctima de violencia extrema


El perdón: la grandeza y la dignidad de las víctima de violencia extrema
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Leonardo Boff*

Por iniciativa del obispo don Vicente Ferreira, pastor de la región de la tragedia de Brumadino-MG, y del profesor y psicoanalista René Dentz se ha organizado un libro que recoge excelentes estudios sobre el perdón: “Horizontes de Perdón” (Editora Ideias &Letras 2020, pp.180). Su singularidad reside en el hecho de haber recogido ejemplos de perdón de diferentes países con sus culturas y tradiciones propias.

Queremos comentar esta obra por su gran calidad y por abordar un tema de gran actualidad, abordado también ampliamente por el Papa Francisco en su encíclica social Fratelli tutti (2020).

El libro “Horizontes de Perdón” tiene como objetivo pensar el perdón a partir del sufrimiento concreto y terrible soportado por víctimas humanas inocentes o por todo un pueblo que ha sido víctima durante siglos. Aquí reside su gran fuerza y también su poder de convencimiento.

Un ejemplo, descrito y analizado por el obispo don Vicente Ferreira y René Dentz, organizador también de esta obra, viene de Brasil, de las tragedias criminales causadas por la ruptura de dos presas de la compañía minera Vale, en Mariana-MG el día 5 de mayo de 2015, que mató a 19 personas y destruyó la cuenca del Rio Doce con 55 millones de metros cúbicos de residuos mineros, y en Brumadinho-MG, el 25 de enero de 2019, con la ruptura de la presa de la misma compañía minera Vale, que causó que 272 personas quedarán enterradas bajo 12,7 millones de metros cúbicos de lodo y residuos.

El libro comienza con un minucioso estudio del obispo don Vicente Ferreira, pastor, poeta, músico y profeta: “Brumadinho: el perdón a partir de las víctimas de crímenes socioambientales”. Le precede un pertinente análisis de coyuntura global, bajo la hegemonía del capital, una máquina de causar víctimas en todo el mundo. La compañía minera Vale representa la lógica del capital que prefiere el lucro a la vida, y acepta el riesgo de causar centenares de víctimas y de damnificar profundamente la naturaleza. Aun siendo consciente de los daños perpetrados, es reacia a compensar con justicia y equidad a las familias de las personas afectadas. Don Vicente busca comprender el proceso victimador de la globalización del capital mediante las categorías del sociólogo portugués, Boaventura de Souza Santos y la violencia con el psicoanálisis de Sigmund Freud, que frente a nuestra capacidad de superar la violencia se muestra, en cierta forma, escéptico y resignado.

Don Vicente supera esta resignación con la contribución del mensaje cristiano muy en el espíritu de la Fratelli tutti del Papa Francisco. Esta testimonia el sacrificio de la víctima inocente, del Crucificado, que rompió el círculo de la venganza y del resentimiento perdonando a sus verdugos. Esta visión fue también desarrollada por el pensador René Girard, mencionado en el estudio. Este pensador francés emerge como uno de los que mejor han estudiado la dinámica de la violencia, que se origina por el deseo mimético excluyente (alguien quiere solo para sí un objeto excluyendo a terceros), pero que la propuesta cristiana mostró que este deseo mimético puede ser transformado en incluyente (deseamos juntos y compartimos el mismo objeto) por el perdón incondicional.

Este perdón plantea la exigencia de justicia a ser practicada por aquellos que provocaron el desastre criminal, en este caso los responsables de la compañía minera Vale. Esa lucha, la lleva el obispo con determinación y ternura, con canto, poesía y oración, junto con la comunidad de los sufrientes, que él acompaña incansablemente con un generoso equipo. Cabe citar nuevamente lo que dice la Fratelli tutti: “No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto… Quien sufre injusticia tiene que defender vigorosamente sus derechos, los de su familia, precisamente porque debe guardar la dignidad que les fue dada, una dignidad que Dios ama” (n.241).

Para entender mejor la dinámica de la violencia y del perdón, algunos autores de avanzadillla fueron: el filósofo francés Paul Ricoeur con su libro La memoria, la historia, el olvido (Paris, Seuil 2000) y Frantz Fanon, Los condenados de la Tierra (1961).

La reconciliación y el perdón no terminan en sí mismos. La Fratelli tutti es inspiradora: “Como enseñaron los obispos de Sudáfrica la verdadera reconciliación se alcanza de manera proactiva, «formando una nueva sociedad basada en el servicio a los otros, y no en el deseo de dominar; una sociedad basada en compartir con los otros lo que se tiene y no en la lucha egoísta de cada uno por la mayor riqueza posible; una sociedad en la cual el valor de estar juntos como seres humanos es, en último análisis, más importante que cualquier grupo menor, sea la familia, la nación, la etnia o la cultura» (n.213). Y los obispos de Corea del Sur destacaron que una verdadera paz «sólo se puede alcanzar cuando luchamos por la justicia a través del diálogo, buscando la reconciliación y el desarrollo mutuo” (n.229).

Conviene destacar que cada pueblo y cada grupo ha encontrado caminos propios para llegar al perdón. Así, por ejemplo, para los afrodescendientes brasileros es imprescindible para un perdón real que los blancos que los victimaron por la esclavitud, reconozcan la inhumanidad que cometieron, refuercen la identidad africana y les restauren en su dignidad ofendida. Bien se ha dicho: “el perdón es más que una justa justicia, antes es más bien una donación donada a los otros”.

En el Congo Brazzaville, país marcado por sangrientas guerras civiles, el concepto-clave ha sido “palaver”, recurrente en los países al sur del Sáhara. “Palaver” implica buscar la verdad por el diálogo, por la libertad de hablar todos, independientemente de su lugar social y de género, hasta que se elabore un consenso en función de la paz social; todos se perdonan mutuamente, sin castigar a nadie, pero todos se proponen corregir los errores. El texto muestra cómo ese pacto por la ganancia de poder de grupos y por la vasta corrupción que asola al país, no consiguió prevalecer y tener su sustentabilidad garantizada. Pero valió la pena el intento.

En Sudáfrica, el concepto-clave en el proceso de reconciliación y de perdón, conducido por el arzobispo anglicano Desmond Tutu, ha sido la categoría “Ubuntu”, que expresa fundamentalmente esta profunda verdad antropológica: “yo soy yo a través de ti”. Todos se sienten interligados. La estrategia era: el victimador confiesa su crimen con toda sinceridad; la víctima escucha atentamente y narra su dolor; se restaura la justicia reparadora y restaurativa, eventualmente se acepta una pena curativa, excepto para los crímenes más hediondos de lesa-humanidad, que son enviados al tribunal competente.

Otra contribución trabaja en estudios avanzados de mereología (cómo las partes se relacionan con otras partes, cómo se sitúan en el todo y cómo se mueven dentro de él). Los dos autores del libro articulan los datos con una cierta armonía, base para el perdón, así definido por ellos:

“La superación del afecto negativo y del juicio en relación al ofensor, no negándonos a nosotros mismos el derecho a tal afecto y juicio, pero esforzándonos en ver al ofensor con compasión, benevolencia y amor”.

El presupuesto antropológico es que por más criminal que sea alguien, nunca es solo criminal, jamás deja de ser humano con muchas otras virtualidades también positivas. De la misma manera, por más que la población fuese traída violentamente de África a Brasil para ser esclava, nunca los señores de esclavos consiguieron matarles la libertad. Ellos resistieron y buscaron siempre conservar su identidad cultural y religiosa. El quilombolismo es una prueba de ello, visible todavía hoy en los cientos de quilombos existentes, donde se vive una vida más comunitaria, igualitaria, en la línea del “Ubuntu”.

Sin embargo, hasta que no se abandone el resentimiento y el espíritu de venganza, no se abrirá el camino al verdadero perdón. No se trata de olvidar, sino de no ser más rehén de un interminable ciclo de amargura y de tristeza.

En este punto de perdón generoso, el cristianismo mostró su capital humanístico. Como lo muestra el texto de don Vicente y especialmente el de Colombia que lo expresa así: perdonar lo imperdonable no es solo una muestra de cómo el espíritu humano puede revelar su transcendencia, su capacidad de ir más allá de cualquier situación por inhumana que se presente, es sobre todo un don de la gracia divina. Perdonamos porque fuimos perdonados por Dios y por Cristo cuya misericordia no sufre ninguna limitación.

La justicia es irrenunciable, pero no es ella quien escribe la última página de la historia de la humanidad. El filósofo Roger Icar respondió excelentemente a Wiesenthal, que buscaba por todo el mundo a los criminales nazis: “El perdón sin justicia revela debilidad, pero la justicia sin perdón representa una fuerza inhumana”.

Estos textos revelan la excelencia de las reflexiones sobre el perdón, uno de los mejores publicado en los últimos tiempos. La parte inhumana del ser humano puede, mediante el perdón y la reconciliación, ser rescatada y transformada. Esta es la gran lección que quiere trasmitir esta notable obra Horizontes de perdón, tan bien organizada por el obispo-pastor don Vicente de Brumadinho y por el erudito psicoanalista René Dentz.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y a propósito del tema ha escrito Pasión de Cristo-Pasión del mundo, Vozes 1977; Principio de compasión y de cuidado, Vozes 2009; Reflexiones de un viejo teólogo y pensador, Vozes 2018.

Traducción de María José Gavito Milano

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