SALMO 84 (85): Alégrate por lo que has alcanzado, sin entristecerte por lo que te queda por alcanzar


La palabra de Dios es el árbol de vida que te ofrece el fruto bendito desde cualquiera de sus lados, como aquella roca que se abrió en el desierto y manó de todos lados una bebida espiritual. Comieron –dice el Apóstol- el mismo manjar espiritual y bebieron la misma bebida espiritual.

Aquel, pues, que llegue a alcanzar alguna parte del tesoro de esta palabra no crea que en ella se halla solamente lo que él ha hallado, sino que ha de pensar que, de las muchas cosas que hay en ella, esto es lo único que ha podido alcanzar.

Ni por el hecho de que esta sola parte ha podido llegar a ser entendida por él, tenga esta palabra por pobre y estéril y la desprecie, sino que, considerando que no puede abarcarla toda, dé gracias por la riqueza que encierra. Alégrate por lo que has alcanzado, sin entristecerte por lo que te queda por alcanzar. El sediento se alegra cuando bebe y no se entristece porque no puede agotar la fuente (Efrén de Nísibe)

¡REPITE, ASIMILA, VIVE LA PALABRA! REPITE UNA Y OTRA VEZ:

{inspirando} ¡Muéstranos, Señor, tu misericordia!
{espirando} ¡y danos tu salvación!

Audio
https://grupopueblodedios.org/gpdmusica/mp3/Salmo084.mp3

1.- Este salmo es un canto gozoso y lleno de esperanza en el futuro de la salvación. Refleja el momento, pleno de entusiasmo, del regreso de Israel del exilio babilónico a la tierra de sus padres. La vida nacional se reanuda en aquel amado hogar, que había sido apagado y destruido en la conquista de Jerusalén por obra del ejército del rey Nabucodonosor en el año 586 a.C. En efecto, en el original hebreo del Salmo aparece varias veces el verbo shûb, que indica el regreso de los deportados, pero también significa un “regreso” espiritual, es decir, la “conversión”. Por eso, el renacimiento no sólo afecta a la nación, sino también a la comunidad de los fieles, que habían considerado el exilio como un castigo por los pecados cometidos y que veían ahora el regreso y la nueva libertad como una bendición divina por la conversión realizada.

2.- El Salmo se puede seguir en su desarrollo de acuerdo con dos etapas fundamentales. La primera está marcada por el tema del “regreso”, con todos los matices a los que aludíamos. Ante todo se celebra el regreso físico de Israel: Señor (…), has restaurado la suerte de Jacob (v. 2); restáuranos, Dios salvador nuestro (…) ¿No vas a devolvernos la vida? (vv. 5. 7). Se trata de un valioso don de Dios, el cual se preocupa de liberar a sus hijos de la opresión y se compromete en favor de su prosperidad: Amas a todos los seres (…). Con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida (Sb 11,24. 26).
Ahora bien, además de este “regreso”, que unifica concretamente a los dispersos, hay otro “regreso” más interior y espiritual. El salmista le da gran espacio, atribuyéndole un relieve especial, que no sólo vale para el antiguo Israel, sino también para los fieles de todos los tiempos.

3.- En este “regreso” actúa de forma eficaz el Señor, revelando su amor al perdonar la maldad de su pueblo, al borrar todos sus pecados, al reprimir totalmente su cólera, al frenar el incendio de su ira (cf. Sal 84,3-4). Precisamente la liberación del mal, el perdón de las culpas y la purificación de los pecados crean el nuevo pueblo de Dios. Eso se pone de manifiesto a través de una invocación que también ha llegado a formar parte de la liturgia cristiana: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (v. 8).
Pero a este “regreso” de Dios que perdona debe corresponder el “regreso”, es decir, la conversión del hombre que se arrepiente. En efecto, el Salmo declara que la paz y la salvación se ofrecen a los que se convierten de corazón (v. 9c). Los que avanzan con decisión por el camino de la santidad reciben los dones de la alegría, la libertad y la paz.
Es sabido que a menudo los términos bíblicos relativos al pecado evocan un equivocarse de camino, no alcanzar la meta, desviarse de la senda recta. La conversión es, precisamente, un “regreso” al buen camino que lleva a la casa del Padre, el cual nos espera para abrazarnos, perdonarnos y hacernos felices (ver Lc 15, 11-32).

4.- Así llegamos a la segunda parte del Salmo (vv. 10-14), tan familiar para la tradición cristiana. Allí se describe un mundo nuevo, en el que el amor de Dios y su fidelidad, como si fueran personas, se abrazan; del mismo modo, también la justicia y la paz se besan al encontrarse. La verdad brota como en una primavera renovada, y la justicia, que para la Biblia es también salvación y santidad, mira desde el cielo para iniciar su camino en medio de la humanidad.
Todas las virtudes, antes expulsadas de la tierra a causa del pecado, ahora vuelven a la historia y, al encontrarse, trazan el mapa de un mundo de paz. La misericordia, la verdad, la justicia y la paz se transforman casi en los cuatro puntos cardinales de esta geografía del espíritu. También [el Segundo] Isaías canta: Destilen, cielos, como rocío de lo alto; derramen, nubes, la victoria. Ábrase la tierra y produzca salvación, y germine juntamente la justicia. Yo, el Señor, lo he creado (Is 45, 8).

5.- Ya en el siglo 2º con san Ireneo de Lyon, las palabras del salmista se leían como anuncio de la “generación de Cristo en el seno de la Virgen” (Adversus haereses III, 5, 1). En efecto, la venida de Cristo es la fuente de la misericordia, el brotar de la verdad, el florecimiento de la justicia, el esplendor de la paz. Por eso, la tradición cristiana lee el Salmo, sobre todo en su parte final, en clave navideña. San Agustín lo interpreta así en uno de sus discursos para la Navidad. Dejemos que él concluya nuestra reflexión:
“La verdad ha brotado de la tierra”: Cristo, el cual dijo: Yo soy la verdad (Jn 14,6) nació de una Virgen. La justicia ha mirado desde el cielo: quien cree en el que nació no se justifica por sí mismo, sino que es justificado por Dios. La verdad ha brotado de la tierra: porque el Verbo se hizo carne (Jn 1,14). Y la justicia ha mirado desde el cielo porque toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto (St 1,17). La verdad ha brotado de la tierra, es decir, ha tomado un cuerpo de María. Y la justicia ha mirado desde el cielo: porque nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo (Jn 3,27) .


ORACIONES SÁLMICAS

Anuncia, Señor, la paz de tu pueblo, a tus amigos y a cuantos se convierten de corazón: danos acoger el don de la paz que tu Hijo nos legó a fin de colaborar e instaurar en el mundo la dicha de quienes trabajan por la paz. Por Jesucristo Nuestro Señor

Señor Jesús, que bajaste del cielo para anunciar a los hombres la paz de Dios: haz que nuestra tierra dé su fruto con una vuelta sincera a los caminos de tu salvación. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos (Serie B).

Libera a tu pueblo de la maldad, Señor, y muéstranos tu misericordia, para que ella, precedida por la justicia, nos guíe por el camino de la paz romana

Tanto amaste nuestra tierra, Señor, que has hecho germinar en ella tu Justicia, Jesús, fruto de María y don del cielo. Gracias a Él, lleno de gracia y de verdad, tu gloria permaneció entre nosotros. Ya que Él vino a nosotros para que nosotros llegáramos hasta Ti, has que descubramos su amor y regálanos su paz


Fragmento de la Rumia de +Max Alexander que se envía completa por mail junto con el envío LyED: Liturgia y Espiritualidad Dominical y podés solicitar enviando un email a : climente@iglesiamdp.org.ar y serás suscrito a un envío semanal por google groups.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .