Perú-Biblia: Edición especial Nº 63 – junio 2020


Editorial

“Como humanidad herida de muerte seguimos conviviendo con el coronavirus19, dando la impresión que estamos en camino de poder vencerlo, aunque en algunos lugares del planeta como Perú, otros países de Sudamérica y África la situación es muy preocupante, donde los sectores marginados no tienen que comer: simplemente se mueren de hambre y están más propensos a contagiarse.

Y lo que más me llama la atención son las dos actitudes contrapuestas que estamos viviendo: Por un lado, quienes están entregando su vida y su saber en la lucha contra este virus, no solo en cumplimiento del deber, sino por amor a la humanidad.

Por otro, quienes están aprovechando el momento para enriquecerse, para hacer pingües negocios, incluso con actos y modalidades corruptas. Lo más triste es que muchas de esas personas son creyentes cristianos, que se golpean el pecho cuando van a misa o a su culto. Ante estas personas mi ser todo clama justicia y venganza de nuestro Dios: ¡no puede ser posible que muchos de ellos queden impunes! ¡Castígalos Señor!

Mi actitud justiciera y de revancha quedó cuestionada cuando nuestro hermano mayor Francisco, el 19 abril último, en su homilía dominical me recordó lo que Jesús le dijo a santa Faustina: «Yo soy el amor y la misericordia misma; no existe miseria que pueda medirse con mi misericordia» y que, en estos momentos, “el riesgo es que nos golpee un virus todavía peor, el del egoísmo indiferente, que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí.

Se parte de esa idea y se sigue hasta llegar seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar en el altar del progreso al que se queda atrás”. Vuelvo a sorprenderme gratamente con el rostro infinitamente misericordioso de nuestro Dios y de Jesús, pero mi paupérrima estatura espiritual sigue siendo justiciera; obviamente, tengo muchas miserias que no he entregado a mi Señor Jesús.

Que el Espíritu Santo nos ilumine y nos regale el Don de ser auténticamente misericordiosos.

¡Y la Vida… Vencerá!!!
El director”

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