La invitación de Francisco a orar


El 14 de mayo, el Papa Francisco nos invitó a todos los creyentes, cada un@ desde su propia tradición religiosa, a orar a Dios en estos momentos de dificultad: “orar para implorar a Dios que ayude a la humanidad a superar la pandemia“.

Para que la humanidad sea capaz de superar la pandemia

Juan Bosco Monroy, LePaBiPe, Perú

Hemos visto iglesias y grupos religiosos, también católicos, desafiando los toques de queda oficiales y las leyes de confinamiento. Algunos lo hacen citando pasajes bíblicos, o con bendiciones del santísimo desde el aire, o con escapularios a manera de amuletos mágicos que les protegerán de todo peligro y enfermedad…

Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará.” (Sal 91,7); “El ángel de Yahvé acampa alrededor de los que le temen, y los protege.” (Sal 34,7). Y no podía faltar el clásico, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil 4,13).

Lanzados como si fueran píldoras para el dolor de cabeza, o insecticidas aéreos, los pasajes bíblicos, citados fuera de contexto, se pueden convertir en instrumento de muerte en lugar de instrumento de vida.

Nos hacen recordar el texto con el que iniciábamos la Cuaresma; las “tentaciones”, las propuestas que frente al hambre recibe Jesús y que ponen en juego su identidad y su misión…

La tercera propuesta, en el evangelio de Lucas, lo invita a lanzarse al vacío desde “la parte más alta del templo”, teniendo como garantía de protección dos versos de la “Sagrada Escritura” (casualmente del Salmo 91 usado en estos acontecimientos). De primera intención, el desafío parece tener sentido: ¿Por qué no hacerlo, sobre todo cuando la “promesa bíblica” ha sido dada?  Sin embargo, la respuesta de Jesús fue tajante: “No tentarás al Señor tu Dios” (Deut 6,16).

Eso no es fe, es tentar al Señor. Eso es fe tóxica. Y la fe tóxica ha costado muchas vidas a lo largo de la historia. La fe tóxica mataEs necesario insistir: la fe tóxica mata.

Consuelo Vélez nos insistía en la necesidad de entender bien el sentido de esta oración. No podemos caer en una actitud “mágica” creyendo que, sí oramos y ayunamos mucho y much@s, Dios nos va a librar de la pandemia. Seguiríamos con esa actitud que cree que Él nos mandó ese castigo y ahora dependerá de nuestra oración que Él lo quite; necesitamos convencerlo de que nos perdone y nos levante el castigo o la prueba.

En realidad, esta oración tiene otro sentido: “que la humanidad sea capaz de superar la pandemia”. Lo que este virus significa y exige tiene demasiadas dimensiones y el camino hacia adelante no es fácil.

Sin duda necesitamos de su amor y de su fuerza para no quedarnos pasivos esperando que las cosas se resuelvan por la inercia del tiempo o viviendo todo esto sin tomarnos en serio los desafíos que está planteando.

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