Sintiendo al Dios entrecasa, religiosidad y la vida cotidiana


Encuentros de Febic Lac, los sábados por la mañana

En un encuentro prácticamente, “informal” o casual nos conectamos a la plataforma que ya no utilizaremos, y ahí tuvimos la gratísima ocasión de encontrarnos con: Zuleica (Brasil), Rosemary (Panamá), Gerardo (Argentina), Rubén Darío (Argentina) y su servidor.

El asunto es que para que los encuentros sean cada vez más prácticos y productivos, habíamos postergado la reunión de este sábado, por cuestiones técnicas (habíamos tenido algún inconveniente con la comunicación). No obstante estuvimos en la dirección web anterior para recibir al que viniese, y así fue.

Y lo que comenzó simplemente como un encuentro de divagues, generó una reflexión tan profunda y cuestionante, que quisiera -a modo de titulares- plantear algunos aspectos que fueron mencionados (aunque no discutidos), pero sí planteados, como ser:

  • El hecho de no poder concurrir a las Iglesias para las celebraciones, exigió a los sacerdotes a una “creatividad pastoral”, desinstalándose de la rutina de que la gente llegue a las Iglesias.
  • Esta creatividad fue la ocasión de incursionarse a las redes sociales, tanto para las Eucaristías como a su vez otras celebraciones.
  • Aunque a su vez se enfatizó, que esta “reclusión domiciliaria”, fue la oportunidad para revitalizar los vínculos familiares, recuperar la conciencia de Iglesia doméstica, al estilo de las primeras comunidades cristianas.
  • El hecho de no poder concurrir a las iglesias, ayudó a valorar un aspecto significativo de nuestra fe, como es la dimensión domestica. No solo siendo ella el origen de nuestra fe, sino la conciencia que hay respecto de la presencia de Dios en cada uno como templo del Espíritu. A su vez el hecho de reunirse dos o tres sabiendo que el Señor está en medio de nosotros, se valorizó al “Dios presente entrecasa”.
  • El mirar la celebración eucarística por las redes sociales, dentro de la importancia que tiene esto, generó la posibilidad que, también pudiera ser celebrado con la Palabra de Dios (que también vincula y relaciona con el Señor). El leer, el compartir, el rezar con ella, fue un logro y un modo que ayudó y facilitó el encuentro con el Señor. Fue un vivir la fe bautismal, en su máxima expresión.
  • Esta situación absolutamente única, de no poder concurrir a las parroquias ni participar de las Eucaristías, generó una situación que hizo aflorar algunas situaciones, que ya estaban pero que se manifestaron de manera más evidente, ante el confinamiento que se está viviendo.
  • Esta situación hizo ver la necesidad de una revisión pastoral profunda, ante planteos solo devocionales, con fuerte énfasis en un machismo eclesial (‘clerodependiente’), con expresiones de exclusión a las mujeres de algunas actividades religiosas y a su vez una religiosidad intimista sin el vínculo con el hermano necesitado, en quien se encuentra el Señor sufriente.
  • A su vez se mencionó a los delegados de la Palabra que tuvieron un rol protagónico en el planteo religioso y en la contención de la comunidad, en el compartir la palabra y reunirse en torno a ella, para fortalecer a los hermanos y seguir manteniendo la llama de la fe. La Palabra fue la que congregaba y generaba vínculos de unión y comunión, fue el Dios presente en medio de la comunidad.
  • Específicamente en el Brasil, un grupo de teólogas-biblistas reflexionaron y ayudaron a tomar aún mayor conciencia respecto de los roles y carismas en la Iglesia, enfatizando la necesidad de una mayor injerencia tanto en la reflexión como en la participación de las mujeres en la vida y misión de la Iglesia.
  • Se mencionó a su vez, la situación práctica en algunas casas de formación eclesial, ya sea por estar a tiempo completo en la casa, donde debían compaginar al mismo tiempo las tareas de la casa, con las de la formación, más lo que implicaba la formación en línea. Esto hizo que en una mano se tuviera la computadora y en la otra la escoba y atender la comida que se debía preparar.

Lo cierto, es que una vez más nos dimos cuenta que la FEBIC LAC es un grupo de amigos, que cuando nos encontramos nos llena de alegría y a su vez aprovechamos para compartir lo que estamos viviendo y así animarnos y fortalecernos en este proceso y proyecto en el cual estamos.

Nos quedamos con ganas, pero quedó la invitación de seguir encontrándonos los siguientes sábados de este mes. Una vez más nos llenó de gozo, darnos cuenta como el Señor nos sigue animando y fortaleciendo con su Palabra, así como lo hizo con los discípulos de Emaús, hoy Él sigue a nuestro lado.

Compartir virtual, sábado 16.Mayo.2020

Pbro. Jesús Antonio Weisensee H.

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