La FEBIC tiene un santo en su origen.


Heroicidad de un papado

Por José Antonio Varela

Algunos analistas quieren identificar como parte de la vida heroica de Pablo VI, diversas acciones que brotaron de un corazón cincelado por el propio Cristo, quien siempre llama al hombre al entendimiento y al diálogo con el mundo.

“El beato Pablo VI también fue un protagonista de la Guerra Fría, al haber alzado su voz de paz en foros mundiales como la ONU”.

Nos referimos a la lúcida decisión del Papa para que las sesiones del Concilio Vaticano II llegaran a su fin, y sobre todo la forma correcta en que implementó las reformas con pulso firme. Siguiendo dicha continuidad, fue alentador escuchar a Francisco decir meses atrás, que la reforma litúrgica
del Vaticano II “es irreversible”.

Aún está muy presente en todos el abrazo fraterno de Pablo VI con el patriarca Atenágoras I, en 1964 en Jerusalén, que levantó la excomunión mutua impartida desde 1054, en un hecho que abrió las puertas al ecumenismo que hoy se goza.

Junto a su esfuerzo por alentar los principios de la vida y la familia —aún en contra de arremetida por parte de sectores progresistas—, el papa Montini tuvo que enfrentar la invasión de la postmodernidad con su discurso de indiferencia ante Dios, cuyo efecto principal ha sido la ideología del laicismo en algunas sociedades, así como el secularismo en evidentes sectores de la Iglesia.

Un papa social

El beato Pablo VI también fue un protagonista de la Guerra Fría, al haber alzado su voz de paz en foros mundiales como la ONU; o a través de encíclicas como Ecclesiam suam y Populorum progressio, dando esta última razones para trabajar en favor de la cooperación entre los pueblos, y a atender con mayor prontitud el problema de los países en vías de desarrollo.

Esta encíclica, que resalta los principios básicos de la doctrina social cristiana, como es el salario justo, la seguridad del empleo y las adecuadas condiciones de trabajo, propone en el texto la creación de un fondo mundial para ayudar a los países en vías de desarrollo. Una antesala, diríamos, a los tan anunciados “Objetivos del Milenio” promovidos por la ONU, con el consenso y el compromiso de casi todos los países.

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