A CONTRACORRIENTE…


El seguidor de Jesús está llamado a vivir a contracorriente de la sociedad. La lógica y escala de valores sociales del mundo son muy diferentes a la lógica y escala de valores del evangelio.

El mundo está organizado en torno a intereses individuales, donde todo gira alrededor de sí mismo. El evangelio está organizado  en torno a intereses comunitarios, todo gira en torno a los  otros, inspirados en quien es el completamente Otro. «Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero no son del mundo, sino que yo al escogerlos  los separe del mundo. Por eso el mundo los odia».

El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate, o Sobre el llamado a la santidad en el mundo actual nos dice: «Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo, van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en  realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida«. Permitámosle al Maestro que nos sacuda con sus palabras en su programa del reino del Padre: las Bienaventuranzas.

 «Felices los pobres de Espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos«. Se nos invita a ver donde colocamos la seguridad de nuestra vida. Normalmente el rico se siente seguro con sus riquezas, y si estas están en riesgo su vida se desmorona. Jesús nos dice que la riqueza no asegura nada y puede quitar lo más importante: experimentar el gozo del encuentro y del compartir con los otros. El desprendimiento libera de ataduras.

 «Felices los mansos porque heredarán la tierra». En este mundo, desde el inicio de nuestra  vida hay lugar para la enemistad, la contienda y el odio; con facilidad juzgamos, clasificamos, discriminamos: impera la ostentación y la vanidad. Jesús propone otro estilo de vida: la simplicidad y la mansedumbre. Manso no significa ser menso, pero si paciente y tolerante.

 «Felices los que lloran, porque ellos serán consolados». El mundo no quiere llorar ni sentirse confrontado por las situaciones dolorosas; mejor las evade, esconde e ignora. Jesús nos invita a ver las cosas como son realmente, se deja traspasar por el dolor y llora en su corazón, llora con los demás, se deja tocar en las profundidades de la existencia y así es auténticamente feliz.

 «Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados». El mundo entiende por justicia la satisfacción de sus propias necesidades e intereses, sin pensar en los demás. Impera la retribución, el reconocimiento y la compensación. Jesús nos invita a dar y darnos, a estar presente y compartir, a saciar según las necesidades.

 «Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia». El mundo es cruel y despiadado; no sabe de ayudar y colaborar, no sabe de perdonar ni comprender; sabe de señalar, sentenciar y matar. No reconoce al diferente y frente a éste se hace el indiferente. Jesús nos invita a dar hasta que nos duela y a perdonar siempre, siempre perdonar.

 «Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios». El mundo se mueve por intrigas, confabulaciones y maquinaciones; en el corazón se dan las intencionalidades, desde las más nobles hasta las más perversas. Jesús invita a ser transparentes y coherentes.

 «Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». El mundo conduce al enfrentamiento, la competencia, la beligerancia. Jesús nos invita a tener amplitud de mente y corazón, ya que no se trata de consensos de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz; tampoco de ignorar o disimular los conflictos, sino aceptar, sufrir los conflictos, resolverlos y transformarlos en un eslabón de un nuevo proceso que lleve al crecimiento. Se trata de ser artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza.

 «Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos». Muchos son perseguidos por luchar por la justicia. Si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad no pretendamos una vida cómoda, porque «quien quiera salvar su vida la perderá». Acá se refiere a las persecuciones inevitables, no de las que podamos ocasionarnos nosotros mismos con un modo equivocado de tratar a los demás.

Jesús siempre estuvo en contracorriente, confrontó y provocó el conflicto. Los de su época no lo tenían como judío piadoso, sino como blasfemo, agitador y revoltoso, lo cual desembocó en juicio, sentencia y muerte.


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.