El desarrollo de los pobres, preocupación de la Iglesia


Marco Gallo para LA NACION, Argentina

Este domingo, el anterior a la solemnidad de Cristo Rey, la Iglesia Católica celebra desde hace cuatro años, la Jornada Mundial de los Pobres. Esta iniciativa ha sido impulsada por el Papa Francisco y dirigida no solo a la grey católica sino también a los hombres y mujeres de buena voluntad. El Papa desea poner de relieve la insostenible condición de muchos, es más, demasiados “descartados” de nuestras sociedades globalizadas. El de los pobres es un grito a menudo silenciado, cuando no ideologizado, que provoca molestia sobre todo a una mentalidad consumista que tiende principalmente a satisfacer sus propios intereses, hija del “sálvese quien pueda”.

Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia ha escrito hace pocos años un interesante libro titulado “Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia”. De este interesante texto, que trata del crecimiento de sentimientos de odio hacia los más pobres, quiero subrayar una afirmación de la autora: “La tendencia humana a tomar posición en la vida cotidiana a favor de los mejor situados, aquellos de lo que puede obtenerse algún beneficio, y a dejar desamparados a los áporoi, a los que no parecen poder ofrecer muchas ventajas, ni siquiera tener capacidad para vengarse por los daños sufridos, parece inscrita en la naturaleza humana y es la fuente de sufrimiento injusto. Tomar conciencia de ello y preguntar si es ése el tipo de personas que queremos es una cuestión de humanidad o inhumanidad”.

El de los pobres es un grito a menudo silenciado, cuando no ideologizado, que provoca molestia sobre todo a una mentalidad consumista que tiende principalmente a satisfacer sus propios intereses, hija del “sálvese quien pueda”

A esta búsqueda de humanidad, de integración social, se refiere el mensaje que el Papa Francisco quiere dar en la institución de la Jornada Mundial de los Pobres. El presente año marcado por la pandemia del coronavirus y sus consecuencias, deja un mundo donde hay cada vez más pobres, una realidad atravesada por crecientes desigualdades.

“Tiende tu mano al pobre” es el lema de la jornada. Es necesario, es urgente, construir en la entera ciudadanía nuevos sentimientos de compasión que rompan barreras antiguas entre pobres y ricos. En esta misma perspectiva debe comprenderse la reciente encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad humana y la amistad social.

Es necesario, es urgente, construir en la entera ciudadanía nuevos sentimientos de compasión que rompan barreras antiguas entre pobres y ricos

Hay un destino común para toda la humanidad; verdaderamente este tiempo nos ha demostrado la plena interdependencia que existe entre los hombres, algo que se evidencia hasta en el más pequeño e insignificante gesto de indiferencia o de autosuficiencia, convencidos, como muchas veces estamos, de vivir en nuestra tranquila y segura “burbuja”.

El mensaje insiste una y otra vez sobre la común responsabilidad, sobre el hecho de que “estamos todos en el mismo barco”: “La primera interpretación hace evidente que siempre debemos tener presente el fin de nuestra existencia. Acordarse de nuestro destino común puede ayudarnos a llevar una vida más atenta a quien es más pobre y no ha tenido las mismas posibilidades que nosotros.”

Por demás, en el texto se transmite un profundo anhelo de justicia e intención de encontrar las causas que producen la indiferencia y la lógica del odio. Así como existen las manos “samaritanas” que se extienden para socorrer al hombre medio muerto del Evangelio, existen manos que, como las del levita y del sacerdote de la misma parábola, dan un rodeo y están solamente preocupadas por sus propios intereses. Así recita el mensaje: “-Tiende la mano al pobre- destaca, por contraste, la actitud de quienes tienen las manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, de la que a menudo son también cómplices… De hecho, hay manos tendidas para rozar rápidamente el teclado de una computadora y mover sumas de dinero de una parte del mundo a otra, decretando la riqueza de estrechas oligarquías y la miseria de multitudes o el fracaso de naciones enteras. Hay manos tendidas para acumular dinero con la venta de armas que otras manos, incluso de niños, usarán para sembrar muerte y pobreza. Hay manos tendidas que en las sombras intercambian dosis de muerte para enriquecerse y vivir en el lujo y el desenfreno efímero. Hay manos tendidas que por debajo intercambian favores ilegales por ganancias fáciles y corruptas. Y también hay manos tendidas que, en el puritanismo hipócrita, establecen leyes que ellos mismos no observan”.

“Tiende tu mano al pobre”, repetido una y otra vez, resalta que el amor a los más pobres no es “pobrismo” sino la respuesta concreta para construir una sociedad que incluya a todos, que en la dignidad del estudio y del trabajo ofrezca también, y sobre todo al pobre, oportunidades genuina promoción.El amor a los más pobres no es “pobrismo” sino la respuesta concreta para construir una sociedad que incluya a todos

Ya en la milenaria historia de la Iglesia hay experiencias de desarrollo social y económico de los estratos más pobres de la sociedad; pensemos en las cooperativas y sociedades de socorro mutuo, en las cajas rurales para campesinos pobres, hasta llegar hoy a la ciudad de los pobres construida por el padre Opeka en Madagascar o al desarrollo de las mujeres con SIDA en África con la formación de cooperativas de trabajo del programa Dream de la Comunidad de Sant’Egidio. La opción por los pobres no nace hoy en la Iglesia, tiene raíces evangélicas en aquella enseñanza de Jesús acerca del juicio final que relata el evangelista Mateo: “Porque tuve hambre y me dieron de comer…Lo que hiciste a uno de mis hermanos, me lo hiciste a mí”. Al final todos seremos examinados por el amor vertido hacia los demás y sobre todo hacia los más pobres en los cuales el Hijo de Dios se reconoce.

MArco Gallo es Director de la Cátedra Pontificia de la UCA


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