En la Biblia hay varias pestes y plagas


Pedro Pablo Achondo. Religión Digital.

En la Biblia hay varias pestes y plagas. Ellas simbolizan castigos e infidelidades humanas respecto de Dios y el pueblo. Representan un estadio de la relación y la comprensión de dicha relación con Dios. Aún hay sociedades que entienden el mal -y lo que nos hace mal- como correcciones de la deidad. Hoy ninguna teología seria acepta eso. Desde la revelación de Dios como Amor y Donación sobreabundante, no hay lugar ni para castigos ni para correcciones enviadas “desde fuera”. Ni asteroides que chocan con la Tierra, ni pandemias ni desastres naturales. Nada de eso proviene de Dios, como si su intención y querer incluyeran aquello. Incluso en esos equivocados paralelos con los padres o madres y sus castigos por amor. En el Dios de Jesús no hay tal.

Y debemos repetirlo: En el Dios de Jesús. Ese Dios, nuestro Dios, es más bien tímido y respetuoso. Esperando hasta el último segundo la respuesta humana, la transformación del corazón y la solidaridad colectiva. Lo que la teología se interroga, así como la espiritualidad lo vivencia, es cómo es posible nombrar a Dios, cómo se puede seguir esperando y viviendo cuando estamos sumergidos en el abismo de “aquello que nos hace mal”. Eso es lo propiamente cristiano. La posibilidad de hablar de Dios en el corazón del sufrimiento.

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Testimonios de aquello hay miles. Son las experiencias más sublimes de esperanza y fe. No pocas veces en el silencio y a través de diminutos gestos de entrega y donación. Charlotte Delbo o Etty Hillesum, me han remecido siempre con esa pasión amante y tan atenta al otro cuando el dolor atenta al cuerpo propio. Dios y los virus. Dios y las guerras. Dios y los terremotos. Dios y el calentamiento global. Suma y sigue, y ahí están los creyentes: esas criaturas que, rompiendo con lógicas de destrucción y cosificación del otro, siguen invocando el nombre de Dios y el nombre del hermano sufriente. Hombres y mujeres que, misteriosamente, quiebran lo propio en pos del otro. Dándole sentido al “cargar tu cruz” y el “renuncia a ti mismo”. Nada de lecturas martiriales o sacrificiales. No. Solamente la preocupación y el no olvido del prójimo.


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