Una mujer celebra la Palabra en su hogar (Hechos 16)


Por Paz Carbonari, ddm

Es muy curioso que, la primera persona en responder al evangelio en Europa, ni era hombre, ni era judío. Era una mujer llamada Lidia.

Pero, ¿quién era Lidia? Era una mujer empresaria, vendía tintura de púrpura y telas finas de púrpura. Esta clase de telas eran muy caras debido al costoso procedimiento de teñido. El colorante era raro y caro, ya que se obtenía del caparazón de un molusco, que era muy difícil de conseguir. En Tiatira, la ciudad natal de Lidia, inventaron otro método para conseguir el tinte a partir de la raíz de una especie vegetal. Este tinte era más accesible para la gente trabajadora, aunque seguía siendo caro. Esta tinta era uno de los productos más apreciados en el mundo antiguo, por eso los colores de los reyes y la nobleza eran el color púrpura para mostrar su clase social.

Por eso, Lidia debió de ser una mujer rica e influyente, muy conocida en toda la ciudad. Tenía una casa grande con capacidad para recibir huéspedes (Hch. 16, 16). Era de Tiatira, ciudad del Asia Menor, conocida como centro industrial de esa tintura, quizás el lugar donde aprendió el negocio de teñir las telas.

No era judía, se nos describe a Lidia como una mujer que adoraba a Dios, se utiliza esta expresión en la Biblia para referirse a los que, siendo paganos de nacimiento simpatizaban con la religión judía.

Dios abrió el corazón de Lidia

Después de escuchar a Pablo, Dios tocó su corazón a Lidia, quien se adhirió a sus palabras y se hizo cristiana (Hech 16, 14- 15). A partir de allí Lidia se convirtió en la primera persona de Europa, que aceptó el evangelio y se hizo bautizar.

En el versículo 14 de Hechos 16, se nos explica qué ocurrió en esa reunión de oración, que desde aquel día Lidia jamás olvidaría. Pablo y sus compañeros se sentaron con las mujeres y les hablaron de Cristo, como Él era el Mesías esperado por el pueblo de Israel. En Él se cumplieron todas las profecías y Él murió y resucitó al tercer día para salvarnos. Podemos imaginar una charla tranquila con las mujeres y exponiendo claramente el evangelio. Y allí estaba Lidia,“escuchando intensamente”.


María de la Paz Carbonari, es discípula del Divino Maestro, congregación miembro Asociado de la Federación Bíblica Católica, y Licenciada en Teología Bíblica por la Universidad Gregoriana de Roma. Directora y docente de Diplomatura en Evangelios (DUE) Universidad San Isidro – Argentina.

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