A propósito de Génesis 37,2: Los sueños en la Biblia.


La manifestación de Dios a través de los sueños forma parte de la experiencia bíblica, aun cuando leamos en ella juicios aparentemente opuestos respecto de los sueños.

  • Es un hecho que muchas personas están ávidas de mensajes, mientras que,
  • otras desprecian todo lo que sea mensaje recibido en sueños.
  • Entre esos dos extremos hay que ubicar los numerosos testimonios de personas sencillas para las cuales un sueño recibido en tal o cual vuelta de su vida, les ha aportado una luz decisiva.

El psicólogo dirá que el sueño sólo manifestó una verdad que se gestaba en el subconsciente: no hizo más que revelar la persona a sí misma. El creyente podrá responder que lo propio de la experiencia cristiana es una simbiosis de nuestro espíritu con el de Dios y que Él tiene plena libertad para hacer surgir en el sueño algunas cosas que no estaban en nosotros.

Es, pues, la experiencia la que introdujo los sueños en los libros bíblicos, aun cuando no estemos seguros en todos los casos que hubo realmente un sueño: muchas veces será un aporte del autor.

Se pueden plantear tales interrogantes con respecto a los sueños de:

  • José en el Evangelio de Mateo;
  • Pablo, por su parte, sabe que algunos sueños eran una revelación del Espíritu (Ac 16,9).
  • En tiempo de los Reyes, el profetismo ve multiplicarse los sueños,
  • los sabios que descubren la voluntad de Dios a través de los hechos cotidianos consideran el sueño como un hecho entre muchos.
  • Más tarde, los grandes profetas se alzan contra las interpretaciones arbitrarias y sesgadas con las que los profetas oficiales de la corte contentaban al monarca y sus ministros (Jer 23,25Za 10,2).

Los sabios no difaman los sueños (Sab 18,19; 2M 15,11); el mismo Sirac, que ve ante todo el peligro, acepta que el sueño venga a veces de Dios (Si 34,1).

Los sueños son característicos de las relaciones de José con Dios. Hay en esto tal vez una intención teológica del autor, cuál es la de limitar a los grandes antepasados las revelaciones en que Dios interviene personalmente y de volver a un modo más ordinario, en el que Dios se comunica en el tejido de la existencia.

No obstante, los sueños forman parte de la experiencia bíblica.

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