“San Juan de Ávila fue un apasionado de la Palabra”


“San Juan de Ávila, como nosotros, no vivió una época de cambios, sino un verdadero cambio de época como fue el siglo XVI”

Continúa el Congreso Internacional de San Juan de Ávila, que se celebró en Baeza hasta el 13 de febrero. Un congreso que ha reunido a especialistas sobre el patrón del clero español del más alto nivel y en el que participan 14 Obispos y Arzobispos y 250 sacerdotes.

La segunda jornada comenzaba con el saludo de nuestro Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, que invitaba a rezar juntos la oración del Jubileo Avilista.

El Cardenal José Tolentino Calaça de Mendonça, Archivero y Bibliotecario de la Santa Romana Iglesia, inauguraba la sesión con su conferencia «La Palabra de Dios en la vida del presbítero» el Congreso Internacional de San Juan de Ávila.

En ella el Cardenal ha querido esbozar la fisonomía del ministerio del presbítero. Monseñor José Tolentino ha comenzado destacando la importancia de leer en la Palabra de Dios, al mismo Dios. Subrayaba la necesidad de que el sacerdote tenga una gran familiaridad con la Palabra de Dios. “No le basta conocer el aspecto lingüístico o exegético, necesita acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante”.

Asimismo, continuaba haciendo referencia a la vida de San Juan de Ávila, “que no se puede entender sin la Palabra de Dios, de la que fue un discípulo apasionado y maestro elocuente. Para él la Biblia es el alma de la vida sacerdotal”.

“Nosotros no solo somos testigos de un pasado, necesitamos de reforma, porque somos un documento del futuro”, ha declarado el cardenal portugués

Haciendo hincapié en el actual magisterio el Cardenal aseguraba que los presbíteros deben tener un constante estudio de la Palabra de Dios. “Un cierto cansancio y desmotivación del clero se debe interpretar como una falta objetiva de alimento, que solo la Palabra de Dios puede ofrecer. No solo se debe ser hombre de predicación sin ser hombres de estudio. Esto propugna Juan de Ávila en su tratado sobre el sacerdocio”.

Finalmente culminaba haciendo referencia a tres desafíos del presbítero: dejarse transformar por Cristo, edificar una Iglesia referente a Cristo y un estado continuo de reinicio. Así el Cardenal Tolentino indicaba que “Nosotros no solo somos testigos de un pasado, necesitamos de reforma, porque somos un documento del futuro”. Y continuaba recordando que “San Juan de Ávila, como nosotros, no vivió una época de cambios, sino un verdadero cambio de época como fue el siglo XVI. Para San Juan de Ávila estaba claro que la renovación eclesial se puede llevar a cabo con el anclaje vital a la Palabra de Dios. Y decía: «quien se sabe amado por Cristo tiene que darlo todo por amor». Es el tiempo de darlo todo por Cristo y por su Iglesia”.

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