Durante todos los meses del año 2020 el Papa nos ha invitado a leer la Biblia


¡TENEMOS NECESIDAD DE LA PALABRA DE DIOS!

Durante todos los meses del año 2020 el Papa nos ha invitado a leer la Biblia

SOBICAIN. Repasando las catequesis e invitaciones del Papa Francisco vinculadas a la Biblia, uno se sorprende por su insistencia en apoyar una vida cristiana enraizada en la Palabra de Dios. No hay mes en 2020 en el que el Papa no volvió al tema, invitándonos a leer, meditar, escudriñar, discernir a la luz de la Palabra.

Nos parece importante volver a proponer el magisterio pontificio sobre las Escrituras seleccionando, para cada mes del año 2020, un pasaje significativo que pueda ser estímulo para vivir con intensidad y convicción el Año Bíblico en curso.

Enero fue el mes en el que, por primera vez, la Iglesia celebró el Domingo de la Palabra

  • El 26 de enero, el Papa Francisco subrayó: «Necesitamos Su Palabra: de escuchar, en medio de las miles de palabras de cada día, esa única Palabra que no nos habla de cosas, pero nos habla de vida… ¡Dejemos espacio en nosotros a la Palabra de Dios! Leamos diariamente algunos versículos de la Biblia … Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestras tinieblas y que con amor conduce nuestra vida».
  • En el Ángelus del 23 de febrero, próximo a la Cuaresma, el Pontífice subrayó que «La Cuaresma es el momento adecuado para dar cabida a la Palabra de Dios … el momento de apagar el televisor y abrir la Biblia. Es el momento de desconectarse del móvil y conectarse al Evangelio. Y el tiempo de renunciar a palabras inútiles, chismes, rumores, habladurías, y dar del “tú”» al Señor.
  • En esta perspectiva, la lectura y meditación de la Palabra de Dios se propone como «sana ecología del corazón”. Él mismo, durante la Cuaresma de la pandemia, se hizo cercano a todos, acompañando el momento del encierro con la celebración diaria televisada y la Palabra de Dios como punto de partida brillante para compartir con los que estaban escuchando.
  • En su homilía del 22 de marzo, comentando el Evangelio del día, el Papa Francisco sugirió una modalidad concreta para que la Palabra ilumine el día a día: «Les aconsejo a todos que tomen hoy el Evangelio, capítulo 9 del Evangelio de Juan, y leerlo en casa, con calma. Una, dos veces, para entender bien que sucede cuando Jesús pasa: que salen los sentimientos fuera. Comprender bien aquello que San Agustín nos dice: temo al Señor cuando pasa, que yo no me de cuenta, que no lo reconozca. Y no me conviertas. No lo olvides: léelo hoy una, dos, tres veces cuanto quieras, el capítulo noveno de Juan». La Palabra no estaba solo escuchada, sino re leída, rumiada, internalizada.
  • El 26 de abril, con motivo del Regina Caeli, el Papa llamó la atención sobre cuantos en Polonia participaron en la “Lectura Nacional de la Sagrada Escritura” y agregaron: «Se los he dicho muchas veces y quisiera repetirlo nuevamente, lo importante que es adquirir el hábito de leer el Evangelio, algunos minutos, todos los días. Llevémoslo en el bolsillo, en el bolso. Que él también esté siempre cerca de nosotros físicamente, y leer un poco todos los días“.
  • El 31 de mayo, solemnidad de Pentecostés, la homilía se centró en una cualidad específica de la Palabra de Dios: como se expande y se difunde como un perfume. «El día de Pentecostés descubrimos la primer obra de la Iglesia: el anuncio. Sin embargo, vemos que los Apóstoles no preparan una estrategia; cuando allí estaban cerrados, en el Cenáculo, no hicieron una estrategia, no, no prepararon un plan pastoral. Podrían haber dividido a las personas en grupos según los distintos pueblos, hablar primero a los vecinos y luego a los de lejos, todo en orden … También podrían haber esperado un poco para anunciar y mientras tanto, profundizar en las enseñanzas de Jesús, para evitar riesgos … No. El Espíritu no quiere que la memoria del Maestro se cultive en grupos cerrados, en cenáculos donde se disfruta “hacer el nido”. Y esta es una mala enfermedad que puede llegar a la Iglesia: la Iglesia no es una comunidad, no es una familia, no madre, sino nido. Abre, levanta, empuja más allá de lo que ya se dijo y de lo que ya se hizo, empuja más allá de los recintos de una fe tímida y cautelosa».

En la catequesis del 3 de junio, el Papa Francisco personalizó su mensaje en torno a las Escrituras con una figura del Antiguo Testamento: “Abraham, el hombre de la Palabra. Cuando Dios habla, el hombre se convierte en el receptor de esa Palabra y su vida en el lugar donde pide encarnarse”. De aquí la invitación a esa familiaridad con Dios que se nutre de la escucha constante: “Aprendemos de Abraham a rezar con fe, dialogar, discutir, pero siempre dispuesto a acoger la Palabra de Dios y un ponerlo en práctica. Con Dios aprendemos a hablarle como un hijo a su papá: escucharlo, responderle, discutir. Pero transparente, como un hijo con su padre».

Aprendemos de Abraham a rezar con fe, dialogar, discutir, pero siempre dispuesto a acoger la Palabra de Dios y un ponerlo en práctica. Con Dios aprendemos a hablarle como un hijo a su papá: escucharlo, responderle, discutir. Pero transparente, como un hijo con su padre”.

Papa Francisco
  • El Santo Padre retomó el tema en el Ángelus del 12 de julio a partir de la parábola del sembrador: “La Palabra de Dios no es una Palabra abstracta, sino que es el mismo Cristo, el Verbo del Padre que se encarnó en el vientre de María. Por tanto, acoger la Palabra de Dios significa acoger la persona de Cristo, a Cristo mismo … A menudo uno se distrae con demasiados intereses, demasiados recordatorios, y es difícil distinguir, entre tantas voces y tantas palabras, la del Señor, la única que te libera. Por eso es importante acostumbrarse a escuchar la Palabra de Dios, a leerla. Y vuelvo, una vez más, a ese consejo: Lleva siempre contigo un pequeño Evangelio, una edición de bolsillo del Evangelio, en tu bolsillo, bolso … Entonces, lee un poco todos los días, para que te acostumbres a leer la Palabra de Dios y a comprender pues cual es la semilla que Dios te ofrece, y pensar con que tierra la recibo».
  • No menos impresionante fue la invitación del 16 de agosto, también durante el Ángelus, cuando el Santo Padre asumió inspirado por la invocación de la mujer cananea y comentó: “¡Señor, si quieres, puedes curarme!”. Y para eso es necesario entender a Jesús, estar familiarizado con Jesús. Y siempre vuelvo al consejo que te doy: lleva siempre un pequeño Evangelio de bolsillo y lee un pasaje todos los días. Trae el Evangelio: en el bolso, en el bolsillo y hasta en el teléfono móvil, para ver a Jesús. Y allí encontrarás a Jesús como Él es, como se presenta a sí mismo; encontrarás a Jesús que nos ama, que nos ama tanto, que nos quiere bien. Recordemos la oración: “Señor, si quieres, puedes curarme”».
  • El 30 de septiembre, con motivo del 1600 aniversario de la muerte de san Jerónimo, el Santo Padre firmó la carta apostólica Scripturae Sacrae Effectus en la que destacó que «un cariño por la Sagrada Escritura, un amor vivo y dulce por la Palabra escrita de Dios es el legado que dejó San Jerónimo a la Iglesia a través de su vida y sus obras … Cómo no escuchar, en nuestro hoy, lo que Jerónimo exhortaba incesantemente a sus contemporáneos: “Lean con frecuencia las Divinas Escrituras; que sus manos no dejen nunca el libro sagrado”?».
  • La preciosidad de la Biblia y, sobre todo, del Evangelio también se desprende claramente de la encíclica Fratelli Tutti, firmado el 4 de octubre en Asís. Con una imagen eficaz, el Papa nos recuerda que “si la música del Evangelio deja de sonar en nuestros hogares, en nuestras plazas, en el lugar de trabajo, en la política y economía, habremos apagado la melodía que nos hizo luchar por la dignidad de todos los hombres y mujeres. Otros beben de otras fuentes. Para nosotros, esta fuente de dignidad humana y fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo. De ella brota para el pensamiento cristiano y para la acción de Iglesia la primacía dada a la relación, al encuentro con el misterio sagrado del otro, a la comunión universal con toda la humanidad como vocación de todos“.
  • El 26 de noviembre, mientras nosotros abríamos el Año Bíblico de la Familia Paulina, el Papa Francisco se dirigió con un video mensaje a los jóvenes de un Instituto Universitario Salesiano invitándolos a «Involucrar a otros jóvenes y usuarios de la red, en la lectura y difusión, también a través de las redes sociales, de la Palabra de Dios».
  • Mientras tanto, mes tras mes, ¡el año ha llegado a su fin! El 17 de diciembre, en la Nota sobre el Domingo de la Palabra de Dios, el Papa Francisco reiteró lo que ya había dicho en la carta apostólica Aperuit illis: «Necesitamos con urgencia convertirnos en familiares e íntimos de la Sagrada Escritura y del Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de creyentes. Para ello es necesario que entremos en constante confianza con la Sagrada Escritura, de lo contrario, el corazón permanece frío y los ojos permanecen cerrados, golpeados como estamos por innumerables formas de ceguera“.

¿Cómo no recoger un legado tan límpido y claro? También a través del magisterio del Papa la Palabra golpea nuestro corazón para encontrar “un lugar” y poder seguir su recorrido por las calles del mundo.

¡Feliz 2021! Que la Palabra corra …

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