La Palabra de Dios en los primeros años de sacerdocio


Por: Pbro. Albino Ramón Gayoso Vera*

Un testimonio vivo y sincero

De tantas formas el Señor nos habló en la historia… que al final quiso hablarnos por medio de su Hijo (cf. Heb 1,1); si eso no es una Gran Noticia no sé qué sería.

Se acercó a mí, un sacerdote; se acerca a vos, imagínate, todo un Dios que te busque y quiera hablarte, conversar, que se interesa por vos. Y es eso, en este año de la Palabra Dios, debe resonar en nuestra mente aquel salmo “¿qué es el hombre Señor para que te acuerdes de él?” (Sal 8), o como diría el poeta ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

La Iglesia, Madre y Maestra, nos invita a sus hijos a acercarnos de manera más especial a la Palabra de Dios, y así tener esta experiencia de amor divino.

En mis 4 años de ministerio sacerdotal, la Palabra de Dios ha sido parte esencial en medio de los afanes de mi vida. En ella encuentro al mismo Dios que me habla y da respuesta a mis cuestionamientos. Cuando me siento inútil, el Señor me dice que valgo más que todas las flores del campo; cuando me siento estresado, es Jesús quien me muestra que en su mayor aflicción pidió al Padre que se haga su voluntad y no la de él; cuando estoy cansado es Jesús quien me dice, ven a mi yo te daré descanso; cuando la ambición golpea mi corazón y quieren elevarme como rey, es Jesús que me invita a apartarme a un lugar solitario y me ponga en oración. Cuando el temor me invade es el Señor que me dice: ánimo, ten fe.

Cómo no amar la Palabra de Dios, si el Señor la reveló a los sencillos, nos eligió a nosotros para escucharle. Y qué decir de los momentos de mi ministerio de cañadas oscuras, de olas impetuosas, de valles áridos, de altas  montañas, de persecuciones en serie, (más largas incluso de algunas series de Netflix); pero siempre el Señor estuvo ahí con su palabra, ante las oscuras cañadas, nada temo porque tú vas conmigo, ante las olas que atentaban mi barca y al grito de Señor ayúdame, siempre calma mis vendavales; en las altas montañas siempre me recuerda sus bienaventuranzas, y en los áridos desiertos, era su Espíritu Santo quien me dirigía.

Yo sé que tengo mucho aún por recorrer, experiencias que vivir, pero creo que el Señor está conmigo, y sé que al final de cada día él me mira y me hace esa misma pregunta que le hizo a Pedro: “¿Me amas más que estos?” …. Y solo quiero responderle, Si, Señor, tú sabes que te amo, pero aumenta mi fe.

Por un diálogo innecesario en el Génesis entró el pecado; por el diálogo con Dios, a través de su Palabra, entramos en la vida.

* El Padre Albino es sacerdote de la Diócesis de la Santísima Concepción.

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