“Cuando un pueblo, sufre las consecuencias de una epidemia, es urgente tomar medidas severas para contrarrestarlas”


El 10 de Octubre de 1971, Mons. Enrique Angelelli, beato y mártir, en la homilía del DOMINGO 28 TIEMPO ORDINARIO C (2 Reyes 5, 14-17 2 Tim. 2, 8-13 Lc.17, 11-19 ) en referencia a la poliomielitis, habló de otras epidemias. Aqui un tramo de su homilía:

Les hago llegar una inquietud que mira el bien de nuestra Rioja.
No quisiéramos concretarla en una decisión pastoral. Cuando alguna persona siente síntomas de alguna enfermedad, grave, urge aplicar los medicamentos eficaces. Cuando un pueblo, sufre las consecuencias de una epidemia, es urgente tomar medidas severas para contrarrestarlas -por ejemplo la poliomielitis. No prestarnos a la campaña para contrarrestarla sería obrar pésimamente.

También cuando una comunidad esta afectándose por una especie de epidemia espiritual o moral, es necesario aplicarle medicina eficaz para el bien de la misma comunidad.

Después de una prolongada observación, detenida y buscando sus causas, creo que urge hacer un llamado de atención para contrarrestar el mal: me refiero a la CALUMNIA, DIFAMACiÓN y DELACiÓN que se está constituyendo como el pan nuestro de cada día. Urge hacer tomar conciencia de este mal que toca a todos, creyentes y no creyentes, a todo el Pueblo de Dios. No decir una palabra y si es preciso no aplicar una medicina fuerte sería traicionar nuestra misión de Obispos y de conciudadanos. Es también un mal en todo el país.

Va desde el insulto hasta el comentario ridículo; va desde la publicación oficialmente amparada hasta la agresividad; va desde el manoseo de personas y valores de nuestra comunidad hasta el uso del anónimo. ¿No les parece que es necesario ponerle remedio a esta epidemia moral. De esto somos responsables los adultos ¿ésta es la herencia que le dejamos a nuestros niños y a nuestra juventud? ¿Por qué la envenenamos con esta epidemia moral? Todos debemos sentirnos responsables de este mal.

Adelantaría la medicina espiritual que pondría de no encontrar enmienda en la comunidad diocesana. Tocaría a los católicos que saben y viven la eficacia de la absolución sacramental en el sacramento de la Penitencia.

Reservaría este tipo de pecado, de suerte que la absolución sacramental no la podrían dar los sacerdotes a no ser que tengan especial delegación de su Obispo -supuestas condiciones especiales para absolver sacramentalmente-. Comprenderán que el buscar el mejor bien de la comunidad nos lleve a este tipo de medicina espiritual. Amigos, no podemos hacer la Eucaristía si en nuestro corazón hemos roto la comunión con mi hermano.

No podemos participar del Cuerpo y Sangre de Cristo si le he robado a mi hermano su buen nombre. El sufrimiento moral de muchos hermanos nuestros, creyentes o no, es un clamor ante Dios, por la consecuencia de este pecado. Amigos, que esta reflexión nos ayude a vivir mejor aquello que decimos siempre: Todo hombre es mi hermano. No podemos decir que amemos a Dios a quién no vemos, aunque asistamos al templo, si no amamos al hermano con quien compartimos la vida ciudadana.”

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 117 a 122
La Rioja, 10 de Octubre de 1971
DOMINGO 28 TIEMPO ORDINARIO C
2 Reyes 5, 14-17 2 Timoteo 2, 8-13 San Lucas 17, 11-19  

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