No es suficiente llenar el freezer…


Dom Jacinto Bergmann, Arcebispo Metropolitano da Igreja Católica de Pelotas. Representante de las Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe en el Comité Ejecutivo de la Federacion Biblica Católica.

            Tengo un amigo en Irlanda, profesor universitario, que tuvo la delicadeza de enviarme una reflexión de un Cardenal portugués, que trabaja en el Vaticano, como Bibliotecario Apostólico,  Mons José Tolentino Mendonça. En base a su reflexión sobre la situación actual de la pandemia del Covid-19, he hecho este artículo.

En la situación actual, la palabra “cuarentena” nos remite a mundos pasados, que la sociedad contemporánea, ya la tiene superada. Cuánto mucho podría aplicarse a situaciones individuales, donde la gravedad de las patologías imponga un protocolo de seguridad. La idea de que países enteros estén “en cuarentena” generan una situación de absoluto desconcierto.

No causa sorpresa, que la primera reacción sea el miedo y esto dé lugar a las más diversas formas de expresión de una claustrofobia exasperada. Algunos impulsados por motivaciones religiosas o por elecciones conscientes de vida, aprender a dar un sentido fecundo y solidario a la propia soledad y así educan su corazón en este sentido, pero muchas veces, tienen que asumir esta actitud, contra corriente. De hecho, esa educación, manifiesta Mendonça, “…le falta a la sociedad, donde los mayores estímulos van en dirección contraria: en la línea del escapismo, del atontamiento consumista, en una vida masificada y dispersa…”.

Por eso, estamos convocados como sociedade a uma experiência pedagógica. Para que “la cuarentena” no sea solo un violento recurso forzado, del cual solo nos fijamos en los aspectos negativos, aunque sin negar el innegable esfuerzo, nos pueda ayudar a transformar el ‘chronos’ en ‘KAIRÓS’. Nos pasamos la vida entera repitiendo que “el tiempo es dinero” y ni nos damos cuenta del sentido existencial de esa proposición. Esto podría ser el momento para irnos al encuentro de aquello que perdimos; de aquello que dejamos de decir, sistemáticamente; de aquel amor al cual nunca le damos ni voz ni vez; de aquella gratuidad reprimida que podemos ahora experimentar y manifestar. Tenemos que mirar “la cuarentena” no solo como un adverso congelamiento de la vida que nos deja maniatados, manifestando de manera maníaca lo que estamos por perder. Saldremos más maduros si la disfrutamos como un don, como un espacio práctico y abierto, como un TIEMPO PARA SER, SERVIR Y AMAR (versus un tiempo del solo tener, poder y aprovecharse).

Nuestra seguridad no puede estar solo en una despensa repleta ni en un freezer lleno (¿cómo quedan con los pobres?).  La vida es mucho más que lo material, de lo necesario para sobrevivir. Es eso, pero a la vez es mucho más que eso. Esta situación de contingencia que vivimos representa, a su vez, una oportunidad para reflexionar sobre aquello que nos nutre y fortalece. Sucede que nos alimentamos de tantos productos falsos, reduciendo la vida a un fast-food, normalmente sin reflexionar ni darnos cuenta. Es así que nos alimentamos con tickets rutinarios y pálidos; de ideas preconcebidas que no dejan lugar a recursos de escucha y de descubrimientos; de automatismos que sobrevuelan como pura abstracción; de imágenes filtradas que reducen siempre más la realidad de una cosa llana, vaciándose de su naturaleza áspera, polifónica y concreta; de palabras que, más que una real declaración de presencia, se asemejan a una estrategia que nos substrae a los continuos apelos que hace la vida.)

En este momento, no podemos dejar de recordar el discurso sapiencial de Jesús de Nazareth, el Hijo de Dios, que hizo en el Sermón de la Montaña: “…En cuanto a su vida, no se preocupen por lo que van a comer, o beber, ni respecto a su cuerpo, por lo que van a vestirse. Acaso, ¿no vale más la vida que el alimento, o el cuerpo que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni amontonan en graneros. Sin embargo, el Padre celestial los alimenta. Aprendan de los lirios del campo: no trabajan ni hilan. En cambio, Yo les digo, ni Salomón, en todo su esplendor, jamás se vistió como uno de ellos…” (Mt 6,25-29).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .