Delegados de la Palabra de Dios en Honduras


POR DAVID CARMONA, C.M. 

Un poco de Historia

La Celebración de la Palabra de Dios es un ministerio que nació en Choluteca al sur de Honduras. Un domingo de Ramos, el 27 de marzo de 1966: diecisiete campesinos fueron llamados por Monseñor Marcelo Gerín, a un curso para animar las celebraciones litúrgicas, de la semana santa en sus comunidades donde no podía llegar un sacerdote. Las comunidades se entusiasmaron y pidieron que continuarán las celebraciones los días domingo. (Directorio Pág.1)

Los Delegados de la Palabra de Dios, son hombres y mujeres bautizados que han recibido el llamado de los obispos para cooperar con ellos y con los presbíteros en el ejercicio del ministerio de la Celebración de la Palabra. (Cf. Código de Derecho Canónico 759). Ellos, además de fermentar el mundo con la Palabra de Dios, son llamados por la jerarquía para ayudar de un modo especial, a apacentar el pueblo de Dios, ejerciendo su ministerio profético, preparándolo a la vida sacramental y formando comunidades de fe y de amor (CDC 230 I).

El quehacer los Delegados

Por medio de los Delegados de la Palabra de Dios, el Evangelio llega a los pobres, las comunidades despiertan, surgen y se capacitan líderes, el machismo pierde terreno y gana terreno la participación… Por ello, las principales tareas de un Delegado de la Palabra es: presidir la Celebración, proclamar la Palabra de Dios y hacer vivencia del mensaje, el domingo y en momentos especiales, como funerales, cumpleaños, etc…Tienen como tarea específica, hacer de la Palabra de Dios y de la       enseñanza social de la iglesia el fermento que lleve a la comunidad a un desarrollo integral: denunciar con la palabra y con el testimonio todo lo que es contrario al evangelio: apoyar a los catequistas y a otros animadores de movimientos apostólicos de la comunidad (Directorio de los delegados pág. 12)

Mi experiencia como Delegado de la Palabra

       «Doy gracias a Cristo Jesús, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio» (1 Tim 1, 12)

Ciertamente, es un tiempo de gracia, poder celebrar en Honduras 50 años del nacimiento del ministerio de los Delegados de la Palabra de Dios.

Hay varios motivos por los que la Iglesia Católica en Honduras debe celebrar estas bodas de oro, sirviendo en el anuncio del reino:

–    El ministerio, surgió para responder a la Pastoral ante el escaso clero a nivel nacional.

–    Campesinos que responden a una llamada, para anunciar la Palabra de Dios.

–    Los Delegados, animan las comunidades con la palabra y el testimonio

–    Ejercen a modo de diáconos el ministerio de la Palabra.

Como ellos, tuve la suerte de servir durante cinco años, en San Isidro, comunidad que pertenece a la Parroquia Santiago Apóstol de Cuyamel. Yo era el Delegado de la Palabra más joven que había (17 años). En 1999 recibí formación para ello, en el centro de capacitación “San Pedro” en San Pedro Sula. Así empecé este ministerio de la Palabra de Dios, desde el año 2000, que no olvido nunca porque fue año jubilar.

Cómo recuerdo el trabajo hecho en esos años (2000-204). Celebrando la Palabra de Dios todos los domingos, viniendo a estudiar a Cuyamel en el IHER (Instituto hondureño de educación por radio) todos los sábados, recorriendo 15 kilómetros (durante tres años) visitando a los enfermos, evangelizando por los hogares casa por casa, reuniéndonos para la formación con niños, jóvenes y adultos. En este tiempo ya andaba planteándome ser misionero y discerniendo mi vocación.

La gente me decía que parara, me veían preocupado. Sentía un gran celo por el ministerio de Delegado y era mi pasión. Los años fueron pasando y debía dejar la comunidad para seguir realizando los estudios. La verdad es que el cambio me constó mucho porque vivía enamorado con este ministerio. Estaba entusiasmado. No es que ahora no lo esté, al contrario, estoy agradecido con el Señor que me ha llamado a ser Misionero Sacerdote en la Congregación de la Misión. Y agradecido a la Congregación para la Misión (C.M.) que me anima, acompaña y apoya. Y agradecido a los Padres de Puerto Cortés y Cuyamel que fueron los primeros que conocí y tanto me ayudaron. Concretamente los padres Jesús Eguaras, Carmelo Belloso y Javier Irurtia. Ellos siempre me acogieron dándome posada y comida. Ellos fueron los primeros que me acompañaron y por eso están en la historia de mi vida.

Más tarde conocí al Padre José Luis Induráin. Él me invitó a viajar cuatro veces hasta que lo encontré para manifestarle mi inquietud vocacional. Un excelente formador. Después conocí a los Padre Chema Ibero, Félix Mariezkurrena y Mikel Sagastagoitia. Siempre sentí, por parte de todos, un apoyo incondicional, (así da gusto ser misionero). En ellos encontré una comunidad de misioneros que trabajan y rezan, que disfruta y hace efectivo el Evangelio, y muchas cosas más. Gracias, nuevamente, a todos ellos.

Wilmer A. Ramírez, C.M.
Estudiante admitido

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