LA PALABRA PUSO SU TIENDA ENTRE NOSOTROS


La FEBIC LAC en relación a la Encarnación en tiempos de pandemia

En un día absolutamente significativo para nuestra fe (y en sí para la humanidad), como es la Encarnación de la Palabra, lo celebramos en un contexto absolutamente único en la historia de la existencia humana.

Ante la situación de pandemia que estamos viviendo, ya no como países, sino como humanidad, mirar la situación desde la Trinidad en quien creemos y darnos cuenta que su estilo es implicarse en la situación que nos toca vivir, resulta que nuestra fe es una opción de esperanza ante el drama y la catástrofe que están viviendo algunos países hermanos.

Ante el dolor ajeno, y posiblemente nuestro, no podemos permanecer indiferentes.

Pbro. Lic. Jesús Antonio Weisensee H.
Coordinador de FEBIC LAC

El hecho que el Dios que se dio a conocer a lo largo de la historia, y que en la plenitud de los tiempos, envió a su HIJO para que asumiera nuestra condición humana, nos ayuda a darnos cuenta que el Dios en quien creemos es Alguien que palpita de manera explícita y directa con la situación de su pueblo, en este caso de la humanidad ( Ex 3,7-9…he visto, he escuchado, conozco, he escuchado…). Desde esta perspectiva y en especial en el contexto de lo que hoy celebramos como es el Dios que asume nuestra carne, para vivificarnos y redimirnos desde nuestra propia condición y situación. Esto nos da una perspectiva específica y propia para leer y tomar una posición en algo que causa tanta desazón y en muchos pavor, pero para nosotros personas de fe, deberíamos mirar la situación en perspectiva de la Palabra Encarnada, que se hizo uno de nosotros, para enseñarnos a vivir en clave de redención todos los acontecimientos del vivir humano.

La Encarnación de la Palabra de Dios, el Verbo Encarnado, nos ayuda a ver una luz en toda esta situación, ya que Él que vino a asumir toda nuestra condición, hasta el sinsentido más grande como es la muerte, en un sufrimiento redentor. Él es nuestro referente y el que nos ayuda a leer desde los ojos y corazón de Dios, situaciones tan desconcertantes como las que ahora vive la humanidad. Él que se identificó plenamente con nuestro existir, que conoce lo que implica nuestra existencia, y que no se ahorró ninguna experiencia o situación que hace parte de la vida humana, hoy podría ayudarnos a encontrar una actitud, sana y esperanzadora, un posicionamiento desde la Palabra escrita, para que esto no nos lleve a perder el sentido de todo lo que implica ser “discípulos-misioneros-testigos”, de un Dios que sigue colocando su tienda entre nosotros, en especial en estos momentos que para muchos podría llevar al borde del abismo existencial. En cambio, para nosotros que somos privilegiados por leer la vida en clave de revelación manifestada en la historia y transmitida a lo largo del tiempo, en el libro sagrado en las Sagradas Escrituras. Esto nos hace mirar la situación desde el corazón de Dios, para pretender tener una mirada fe, en esta situación que cuestiona, interpela, pero que para nosotros puede ser una ocasión para ser fermento o sal de esperanza en un contexto de crisis mundial.

Ya el Resucitado recriminaba a aquellos discípulos, por ser  tardos y lentos para entender. El tema que hoy nos compete es encontrar la clave para leer la situación que nos aflige, lo cierto es evitar una interpretación apocalíptica. En cambio, sí correspondería hacer una interpretación exilica o post exilica, tal vez deuteronómica de la situación que hoy vive la humanidad. La primera palabra de Resucitado como que sigue resonando en la historia, “LA PAZ ESTÉ CON USTEDES”. Ante una situación que nos sobrepasa en todos los sentidos, como personas que buscamos asumir el estilo del Verbo Encarnado, en su palabra encontramos algunos aspectos que pueden ayudarnos a no sucumbir ni al pavor ni al descuido, ni al desinterés o la apatía. Tal vez en estos momentos, el desafío es descifrar y comprender lo que el Señor está permitiendo que suceda y a partir de eso, como los profetas ser capaces de anunciar un tiempo nuevo, con nuevos planteos, con nuevas perspectivas, una vez que hayamos asumido lo que aún no se llega a comprender en su justa medida.

Al ver la reacción de la gente, como que Mt 25 está más vigente que nunca, y eso que decía el rey en la parábola… “…todo lo que hicieron al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicieron…”, lo estamos viendo que estos “samaritanos”, que están en los hospitales, en las personas que buscan paliar el sufrimientos de los Cristos sufrientes, que hoy no fueron despojados, ni marginados, sino que simplemente les falta el aire de la vida y corren riesgo de muerte y muchos de ellos llegan a su final, separados de sus seres queridos. Hoy el Cristo crucificado está en los hospitales, ya sea en los que están sirviendo a los que casi ya no tienen esperanza, o en aquellos, que sí cargan la muerte en sus pulmones. Y muchos otros están en la expectativa de un mañana incierto, donde no tienen mucho que hacer, a no ser confiar y esperar, tal vez suplicar el don de la vida, algo ante lo cual no tenemos un recurso garantizado, a no ser nosotros que tenemos el don de conocer las Escrituras y que podemos mirar la situación desde otra perspectiva y con otra actitud enfrentar algo que hoy la ciencia no tiene respuesta. Pero lo que hoy escuchamos en la lectura del día de esta solemnidad, puede ser nuestro aporte a esta humanidad que está en una tiniebla del miedo, zozobra e incertidumbre, el Evangelio de hoy nos dice: “…para Dios nada es imposible…”, es decir, en esta desgracia, no estamos solos, Dios no se ha desentendido de nosotros, simplemente nos toca enfocarnos en aquello, que ayude a sobrepasar instancias de crecimiento como ésta y así experimentar la resurrección después de la muerte, en el hoy de nuestra existencia.

Desde esta perspectiva, sabiendo que el que conduce la historia es Dios, que más allá de las circunstancias es Él el que tiene la última palabra, ahí nos damos cuenta, que ante eso que vemos en la parábola del Samaritano, éstos que están dejando todo por ayudar, servir y luchar por la vida de los que llegan mal trechos, son instrumentos directos del Dios de la vida, que está actuando en y por ellos. A su vez los caídos al borde del camino, también son cada vez más identificables, y ya no solo son los que están enfermos del pulmón, sino aquellos que ya comienzan a tener dificultades de llevar el pan a sus mesas, donde el mañana comienza a ser incierto. Más allá de estos dos lados de la moneda, estamos los que hacemos parte de esta gran comunidad que es la FEBIC LAC, personas que en su tiempo hemos sido deslumbrados y fascinados por el Dios de la Biblia, que nos ha cautivado y nos ha hecho sus discípulos-testigos-misioneros, que vamos comunicando y compartiendo eso que a nosotros nos ayuda y nos lleva sentir y experimentar la presencia del Dios de la vida en nuestro diario vivir. Es aquí, donde podríamos encontrar nuestra misión, el rol que debemos ejercer en un hoy que comienza a teñirse de luto, pero que nosotros desde la Palabra escrita, podemos ser profetas de esperanza, fortaleciendo y animando, ayudando a trascender las calamidades, confiando y esperando en el Señor que “…dispone todo para el bien de aquellos que lo aman…”(Rom 8,28).

En nuestros encuentros y algunos escritos hemos tenido muchas discusiones respecto a los itinerarios de las propuestas pastorales que teníamos, hoy no es cuestión de hacer una lectura ya sea desde los evangelios o desde el kerygma, o desde Pablo o desde el inicio de la historia de salvación. Hoy la cuestión es otra…, es la credibilidad en el Dios de la Escritura, sabiendo que ese Dios no se arrepiente y que mantiene su bendición por mil generaciones, es el Dios que tanto nos amó que envió a su propio HIJO para que nosotros tuviéramos vida en Él. Es esta confianza en este Dios que sigue a nuestro lado, que sigue caminando con nosotros, que sigue haciendo arder nuestro corazón por medio de su palabra escrita o en la fracción del pan, que está en medio de nosotros, cuando nos reunimos en su Nombre, o que está en lo más hondo de nuestro corazón, cuando nos dirigimos a Él. Él ESTÁ A NUESTRO LADO, y la garantía, lo encontramos entre los muchos pasajes, en otros muchos, el Sl 23(22), nos dice “…aunque cruce oscuras cañadas, nada temo, porque Tú estás conmigo…”. Pero sobre todo para nosotros que podemos ayudar a los demás, la garantía nos lo da el final del evangelio de Mateo, “…Yo estaré con ustedes, todos los días, hasta la consumación de los tiempos…”(Mt 28,20).

Nosotros que conocemos las Escrituras, que damos testimonio de que la PALABRA SE HIZO CARNE, que está a nuestro lado, que sigue conduciendo a la Iglesia, que la sigue sosteniendo, animando e impulsando, hoy nosotros, tal vez deberíamos asumir el rol de los profetas post-exilicos, ayudando a iluminar la situación desde el proyecto del Padre, invitando a tener una relación cada vez más vivencial-relacional, para que ese Dios que siempre estuvo cerca de su pueblo, aunque hoy estemos encerrados en nuestras casas, lo dejemos entrar, para que Él nuevamente nos vuelva a decir: “LA PAZ ESTÉ CON USTEDES…, no tengan miedo”. Hoy la mayoría de nosotros no podemos ayudar directamente a los caídos al borde del camino, hoy nos toca ser una tercera alternativa, INTERCEDER, ANIMAR, FORTALECER, CONSOLAR. Nos toca a nosotros ser luz en medio de las tinieblas del miedo o de la inconciencia, sabiendo que Dios también actúa por los medios naturales, nuestra palabra debe ser una palabra que apunte a SOSTENER Y ANIMAR a los creyentes, a crear una avalancha de confianza, donde el interceder nos lleve a concientizar, donde el animar nos lleve a valorar de manera extrema, es perspectiva divina, el don de la vida y la salud. No es sembrar un providencialismo ingenuo e ilusorio, sino una certeza cierta que el Dios que actuó en el pasado, hoy también lo está haciendo. En la medida que nuestra propuesta genere una relación y un vínculo sano con el Dios de la vida, el Señor hará su obra, y el mañana podrá ser esperanzador, ya que se estará replanteando un vínculo de mayor cercanía y confianza, con la certeza de que Él está con nosotros, que Él nos acompaña, que Él nunca abandona a los que confían en Él, ya que es un Padre providente, atento a nuestras necesidades, que no nos da una piedra, cuando le pedimos un pedazo de pan (Lc 11,11).

Los que hacemos parte de la FEBIC LAC, donde estemos, en lo que hagamos, en lo que podamos aportar, que seamos instrumentos de Dios, para animar, consolar y fortalecer a los que están sufriendo esta pandemia; que podamos fortalecer y animar a los que están ayudando a los que están padeciendo. Así nosotros, como Moisés, levantemos los brazos clamando y suplicando la ayuda de Dios, para que actúe en todos los ámbitos, y en la soledad de los enfermos, Él les ayude y les devuelva la salud. Y cuando pase todo esto, surja el pueblo de Dios fortalecido y renovado, habiendo pasado por la gran calamidad, podamos vivir en una relación más vivencial, más personal con el Señor Jesús, vencedor de la cruz y la muerte, que sigue dando vida a los que creen y confían en Él.

Por todo esto, este tiempo de pandemia, nos debería UNIR más a los de la FEBIC LAC, como ya se está haciendo en algunos grupos de WhatsApp, para compartir iniciativas, para promover una actitud de confianza, de acuerdo al estilo del Dios de la historia manifestado en las Escrituras. Que en todo esto que tanto está doliendo, nos ayude a tener una actitud cada vez más vivencial ante esa Palabra viva, que siendo “…palabras de vida eterna…”, que consuelan y fortalecen en estos tiempos de virus y pandemia, la FEBIC LAC, se aferra más que nunca a la Dei Verbum, para “…facilitar el acceso a las Sagradas Escrituras…”, de tal forma que por medio de ella, el Señor vaya siendo el que consuele y fortalezca a todos, en especial a los que ahora están padeciendo los efectos de esta circunstancia.

Que el Señor que nos regaló el don de conocer las Escrituras en estos momentos nos haga instrumentos suyos para que por medio de las páginas santas, Él pueda llegar y actuar en los corazones, de tal forma que después de esta crisis, podamos dar testimonio de su acción y manifestación en nuestra historia, como lo hizo el crucificado recitando el Sl 22(21), ya que el garante y el fundamento de todo lo que creemos y en especial de todo lo que hacemos con su Palabra escrita es Él, ya que es el Señor de la historia, vencedor de muerte, que está vivo y sigue vivificando a su Iglesia con su presencia viva, Él es nuestra esperanza y en el confiamos.

Que como FEBIC LAC, seamos parte de la solución, promoviendo una actitud nueva y sana, anunciando y testimoniando esas palabras que son palabras de vida y salvación, sustento del alma, en especial en tiempos como los que ahora estamos viviendo.

Que en breve, podamos encontrarnos para cantar las maravillas que el Señor ha hecho en este tiempo y que seguirá haciendo en la medida que correspondamos al don que hemos recibido.

Pbro. Lic. Jesús Antonio Weisensee H.

Coordinador de FEBIC LAC

Solemnidad de la Encarnación de la Palabra. 2020

2 comentarios en “LA PALABRA PUSO SU TIENDA ENTRE NOSOTROS

  1. Pingback: Cardenal Tagle: Emergencia y caridad en tiempos tiempos del Coronavirus | La Palabra HOY

  2. En estos momentos que estamos viviendo esta pandemia, nos tenemos que unir mas en familia, cuidar, ayudar a los demás y a los nuestros.
    Nuestro planeta tierra también esta recibiendo un respiro de tanta contaminación que nosotros mismos lo estamos haciendo.

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