Biblia-Ciudad: Historia y mapa de la ciudad mesiánica


(Xavier Pikaza en Religión Digital)

Al principio, los israelitas, constituidos como federación de tribus de pastores y agricultores marginales de montaña, eran contrarios a las ciudades, porque ellas representaban un poder dominador, de tipo impositivo, que esclavizaba a los agricultores y pastores, que habitaban fuera, y a los pobres, que dependían de ella. Los primeros israelitas eran hombres y mujeres de campo, enfrentados a los habitantes de las fuertes ciudades cananeas, donde dominaban reyes, sacerdotes y soldados.

Lógicamente, una vieja historia israelita concibe las ciudades como creación y herencia de Caín, el homicida (Gen 4, 17). En esa línea presenta la grande  ciudades imperiales y opresoras como contrarias a la voluntad y presencia de Dios. Por eso, las perversiones del mundo se condensan en Nínive y Babel, en Roma y la “ciudad prostituida”, entendida como ciudad y torre de soberbia que divide y enfrenta a los hombres (cf. Gen 11, 1-9).  

Pero más tarde, a partir del Rey David (siglo X a. C.), los israelitas empezaron a conquistar las ciudades cananeas, y entre ellas Jerusalén (Sión), fortaleza jebusea, y la interpretaron como signo de presencia divina. Desde ese momento, de una manera cada vez más intensa, Jerusalén viene a presentarse como ciudad de Dios, signo de su presencia y acción en el mundo, como seguiremos indicando. Junto o frente a ella han tenido importancia especial en la Biblia las grandes ciudades enemigas, que aparecen con frecuencia como enemigas de Dios. Desde ese fondo, en un camino que va del Antiguo al Nuevo Testamento, he querido desarrollar doce temas importantes sobre “la ciudad y las ciudades en la Biblia”, para culminar en la Biblia como “mapa de la ciudad mesiánica”, como irá viendo quien siga:

 1. En contra de las teogonías imperiales… 

Las grandes teogonías de orientes suelen culminar en el establecimiento de un templo, una ciudad y una monarquía sagrada. Ciertamente, Dios (los dioses, lo divino) crean o suscitan (engendran) la vida de los hombres. Pero su obra culmina en el establecimiento de la gran “Ciudad divina”, con su templo, con los dioses‒sacerdotes‒reyes, que son presencia de Dios en la tierra. Pues bien, en contra de eso, en el principio de la Biblia no una ciudad‒templo‒monarquía, sino un hombre y una mujer en el campo.

Según eso, al principio no fue la ciudad, sino el cielo y la tierra, con un campo‒huerto (paraíso) para los hombres tierra(Gen 2‒3). Eso significa que Dios no creó directamente las ciudades, sino el mundo entendido como totalidad habitable (Gen 2), y más en concreto el “jardín” o paraíso para animales y hombres, la tierra que produce frutos (árboles de todo tipo, plantas), con ríos y animales. Ese “paraíso ecológico” es el principio de la creación de Dios.

2.  Hijos de Caín. La historia de las primeras ciudades.

(Seguir leyendo)

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