Ayer, Hoy y Mañana…. el Año de la Palabra de Dios (I)


Pbro. Jesús Antonio Weisensee H.

Coordinador de FEBIC LAC

Uno de los aspectos característicos y a su vez de los frutos más significativos que tiene la FEBIC LAC y por lo tanto la FEBIC en sí misma, es su necesidad de compartir, enriquecer, entusiasmar y de esa manera contagiar pasión y entusiasmo respecto de lo que le es propio, como es el darle a la Palabra de Dios el lugar que le corresponde tanto en la vida, como en la actividad y propuesta de la Iglesia. Se aplica a la perfección, el pasaje de Hch 4,20, “…no podemos callar lo que hemos visto y oído…”.

Así a lo largo de estos 50 años la FEBIC y un poco menos la FEBIC LAC ha sido ese ámbito donde el compartir búsquedas y experiencias, en la generosidad del entusiasmo experimentado, en los procesos de renovación y transformación que genera la Palabra de Dios. Esto es innegable y de hecho que fue la riqueza de los encuentros que por más de 30 años la FEBIC LAC ha sido la anfitriona y de esa manera el espacio para encontrarnos, animarnos, ilusionarnos y hoy gracias a ese sueño compartido, podemos agradecer el camino que fue hecho. Son experiencias que se han vivido y que hoy dan sentido, el celebrar este acontecimiento de los 50 años de la FEBIC.


Ver El video de los 50 Años de la Febic LAC


Los que trabajamos con las Sagradas Escrituras constatamos que el tiempo en la Biblia, tiene absolutamente otros parámetros que los nuestros, a tal punto, que el 2 Pe 3,8, lo dice: “…el tiempo de Dios no es nuestro…”.

Pero por gracia de Dios, los que ahora estamos tenemos la posibilidad de celebrar ahora un acontecimiento, que sus raíces están en un ayer tan lleno de nombres, personas maravillosas, verdaderos hombres y mujeres fascinantes que fueron capaces de soñar más allá de la realidad y así permitir que hoy celebremos un camino andado, que nos enorgullece como a su vez nos respalda, haciendo ver que la FEBIC LAC, no es una institución de oficina ni de papeles, sino de experiencias y vivencias, hechas, vividas y compartidas. Este ayer lleno de logros (aunque con las situaciones propias de una historia), nos lleva a que nuestro hoy, nos haga tomar aire, para prepararnos para un mañana, que se perfila, desafiante, interpelante, pero profundamente existencial, ya que lo nuestro no es fuego de paja, ni brisa mañanera, sino que son “…palabras de vida eterna…” (Jn 6,68).

En esta perspectiva, donde la FEBIC LAC ha venido congregando a los soñadores renovadores, ha generado este espacio que le da identidad desde 1985 en el I Encuentro Latinoamericano de Pastoral Bíblica en Bogotá, desde entonces, como ya lo hemos expuesto en otras oportunidades, la FEBIC LAC fue el espacio que la Iglesia proponía como medio para el encuentro y de esa manera implementar las propuestas aparentemente utópicas, aunque proféticas de los Padres Conciliares, que hoy son una realidad palpable y constatable. De esa manera el sueño del Vaticano II en la Dei Verbum, hoy tienen nuevos parámetros, habiéndose celebrado un Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios, habiéndose realizado una Conferencia Episcopal Latinoamericana asumiendo la ABP como propuesta transversal para la pastoral y con el apoyo, estímulo e impulso de los últimos Sumos Pontífices, como Verbum Domini, avalando lo hecho y el camino recorrido, impulsando hacia nuevos desafíos y nuevas propuestas y en esta perspectiva se tuvo el Congreso Internacional en Roma, donde el discurso del Papa Francisco a la FEBIC, vino a confirmar nuestro entusiasmo y dinamismo, como a su vez impulsarnos hacia nuevos horizontes y nuevos desafíos.

Últimamente con el motu Proprio “Aperuit illis, instituyendo el III Domingo del Tiempo Ordinario como Domingo de la Palabra de Dios, contextualiza y reivindica aún más lo que por iniciativa del Comité Ejecutivo de la FEBIC (nuestros representantes, los que asumen nuestra voz y la pronuncian), y expuesta por el Cardenal Presidente de la FEBIC, Luis Antonio Tagle, ha propuesto la celebración de un Año de la Palabra de Dios, que ya estamos a escazas cuatro semanas de iniciar esto que sin duda tiene un matiz histórico (ver el andar de la Febic, en nuestro caso de la FEBIC LAC), como celebrativo, valorando que no estamos buscando a Dios en textos fantasiosos, sino en algo que tiene raíces en la propia revelación, donde nuestra tarea es contextualizar, profundizar para darle toda su relevancia en su actualización vivencial. Sin la menor duda, sabemos que será un año lleno de iniciativas, experiencias, vivencias, encuentros, así como la lluvia moja la tierra y da ese olor a tierra mojada, así ya se comienza a sentir toda la expectativa que existe por un evento de esta envergadura.

Nuestro ayer nos avala, nuestro presente nos predispone y el mañana se perfila como una gran oportunidad, de que todo el impulso hecho durante tantos años, genere un nuevo florecimiento en un dinamismo renovador, en un contexto exigente y así desafiante, para que el anuncio del Evangelio no se vuelva simplemente un link o like en la web. De ahí, que más allá de lo que vamos a celebrar en esto que comienza el primer domingo de Adviento, no tiene como fin ver lo hecho, ni vanagloriarnos con la celebración, sino que más bien es un impulso hacia el mañana, para que de la misma manera que hoy llegamos con el legado que nos dieron los que nos precedieron, al concluir este evento, estemos tan entusiasmados, que nuevamente volvamos a decir: “…no podemos callar…, todo lo que hemos vivido, compartido, propuesto y celebrado, con el corazón apasionado por la experiencia que buscamos y proponemos…”, nuestro mañana en la FEBIC LAC esté marcado por una experiencia cada vez más renovadora, plenificante y en sí valida por ser vivencial y transformadora.

Todo este planteo que ahora se nos presenta en esa triple perspectiva (ayer, hoy, mañana), es gracias a eso que surge como iniciativa del Comité Ejecutivo de la FEBIC y que el Cardenal Tagle lo propone a toda la Federación Bíblica Católica y así hace extensiva a todos los que a la luz de la Dei Verbum, Novo Millennio inneunte, Tertio Millennio Adveniente, Verbum Domini y Evangelii Gaudium, perciben la Palabra de Dios como ese medio para el encuentro vital-transformador-vivencial, para vivir una fe más consciente y de esa manera más existencial y por lo tanto misionera. Es decir, tenemos una oportunidad largamente esperada, que ahora lo podemos celebrar como corresponde y como es debido, ya que celebramos no solo el sentido de lo que hacemos, sino la presencia de Dios entre nosotros

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