Las mujeres traductoras y San Jerónimo


Por María Gloria Ladislao

La traducción de la Biblia

 El Papa Dámaso encarga a Jerónimo una traducción revisada de toda la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, a la lengua latina[2]. La mayor parte del Antiguo Testamento se halla escrito en hebreo, y todo el Nuevo Testamento en griego. En época de Jerónimo circulaban algunas partes de la Biblia traducidas al latín, versión conocida como Vetus Latina. Los textos más copiados eran los de los Evangelios, debido a la gran importancia que tenían en la predicación cristiana, y los Salmos, que, continuando con la tradición judía, constituían la base de la oración personal y comunitaria.

Los sucesivos copistas habían introducido modificaciones y armonizaciones del texto, por lo cual era necesaria una revisión de las traducciones existentes.

Existían ya varias versiones en griego del Antiguo Testamento[3], y algunas traducciones latinas que se utilizaban se habían hecho tomando como base ese texto griego, con lo cual eran la traducción de una traducción.

Por todo esto, el Papa encarga a Jerónimo la tarea de elaborar un texto en latín. Con los años, esta versión será la más divulgada durante la Edad Media, por lo que se llamará finalmente Vulgata.

Habitación de San Jerónimo en Belén.

Discípulas y colaboradoras

Jerónimo comienza la tarea de traducción estando todavía en Roma. La mayoría de los estudiosos establece que durante este tiempo tradujo los Evangelios y una primera versión de los Salmos que más tarde desechó.

¿Hasta qué punto sus dilectas alumnas, con quienes todas las mañanas comenta y estudia los textos bíblicos, participan de este trabajo? Todos los datos que podemos deducir debemos extraerlos del epistolario de Jerónimo, cuando contesta a cuestiones planteadas, ya sea por Paula o por Marcela, sobre el sentido o la  correcta traducción de tal o cual párrafo. Es de notar que, a pesar del contacto diario, estos estudios para la traducción se realizaban por escrito, probablemente para poder acudir a ellos durante el momento de trabajo ( casi como cierto tipo de e-mails que hoy en día intercambiamos con los colegas). Lamentablemente, sólo se han conservado las cartas de Jerónimo; casi ninguna de las cartas de sus alumnas.

Las cartas dirigidas a Marcela siempre versan sobre cuestiones de traducción de términos, sobre todo del hebreo, o sobre la correcta interpretación de los mismos. Son especialmente  interesantes las cartas 25 y 26 , en que Marcela pregunta por qué no se han traducido expresiones como “aleluia” u “hossana”, y si, en el texto en latín, debe conservar estas expresiones hebreas.

Algunos párrafos de Jerónimo nos revelan el tipo de relación entre maestro y discípula:

… el sentido de una carta es escribir sobre algún asunto de familia o sobre temas cotidianos. Así, en cierto modo, los ausentes se hacen presentes, mientras se comunican unos y otros lo que quieren o lo que hacen. A veces naturalmente, este convite de conversación puede ir sazonado con la sal de la ciencia. Tú, sin embargo, absorta en tus tratados, no me escribes nada, a no ser para someterme a tortura y obligarme a revolver las Escrituras… (carta 29, año 384)

Habías pedido mi parecer acerca del diapsalma; yo me excusé con la brevedad de la carta y pretexté no poder encerrar en ella lo que es materia de un libro. Pero ¿de qué valen las excusas ante mi ergodiokzen ( directora)  de mi trabajo? Con el silencio se acrecienta el apetito. Así, pues, para no tenerte más tiempo en suspenso, aquí tienes un poco de lo mucho que cabría decir. (carta 28, año 384)

 

La carta refleja claramente no sólo que Marcela fue una apasionada por el estudio de las Sagradas Escrituras, sino que su tarea no fue un simple “acompañamiento” al estilo de la frase “detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer”. ¿Qué quiere decir exactamente Jerónimo cuando la llama “directora” de mi trabajo?

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María Gloria Ladislao

mgloriala@aol.com

La prof. María Gloria Ladislao es catequista y teóloga (UCA), laica, casada. Se desempeña como profesora de Sagradas Escrituras en la ciudad de Buenos Aires y alrededores. Es directora del Espacio Bíblico Palabras con miel. Entre sus publicaciones se cuentan “Las  mujeres en la Biblia” y “Palabras y Pasos” de Ed. Claretiana.

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