UNA FE QUE NO NOS PONE EN CRISIS ES UNA FE EN CRISIS


By Mike James

Para cualquiera que haya intentado hacer y mantener Resoluciones de Año Nuevo, una conclusión honesta de evaluación al final del año puede ser a menudo que el cambio positivo de corazón y las actitudes, especialmente en carne propia, se produce lenta y dolorosamente.

Al acercarse a cinco años en el cargo, en marzo de 2018, el Papa Francisco evaluó con más de 100 altos funcionarios del Vaticano, el progreso en la reforma de la burocracia de la Iglesia, la Curia, una de las principales razones por las cuales los Cardenales votaron por él, un extranjero y sin pretensiones de ser el sucesor de Pedro les dijo lo difícil era romper los malos hábitos.

Lo que sigue son extractos de ese desafiante discurso prenavideño:

La Navidad es la fiesta de la fe en el Hijo de Dios que se hizo hombre para devolverle a la persona la dignidad filial que había perdido por culpa del pecado y la desobediencia. La Navidad es la fiesta de la fe en los corazones que se convierten en un pesebre para recibirlo, en las almas que dejan que del tronco de su pobreza Dios haga germinar el brote de la esperanza, de la caridad y de la fe.

Hoy tenemos una nueva ocasión para intercambiarnos nuestra felicitación navideña y también para desearos a todos, a sus colaboradores, a los Representantes pontificios, a todas las personas que prestan servicio en la Curia y a sus seres queridos una santa y alegre Navidad y un feliz Año Nuevo. Que esta Navidad nos haga abrir los ojos y abandonar lo que es superfluo, lo falso, la malicia y lo engañoso, para ver lo que es esencial, lo verdadero, lo bueno y auténtico. Muchas felicidades, de verdad.

Mis reflexiones se apoyan ciertamente sobre los principios básicos y canónicos de la Curia, sobre la misma historia de la Curia, pero también sobre la visión personal que he procurado compartir con ustedes en los discursos de los últimos años, en el contexto de la reforma que se está realizando.

Con respecto a la reforma me viene a la mente la simpática y significativa expresión de Monseñor Frédéric-François-Xavier De Mérode: «Hacer la reforma en Roma es como limpiar la Esfinge de Egipto con un cepillo de dientes». Se pone de manifiesto cuánta paciencia, dedicación y delicadeza se necesitan para alcanzar ese objetivo….

Una Curia encerrada en sí misma traicionaría el objetivo de su existencia y caería en la autorreferencialidad, que la condenaría a la autodestrucción. La Curia, ex natura, está proyectada ad extra en cuanto y mientras está ligada al Ministerio petrino, al servicio de la Palabra y del anuncio de la Buena Noticia: el Dios Enmanuel, que nace entre las personas, que se hace carne para mostrar a toda la gente su entrañable cercanía, su amor sin límites y su deseo divino de que la gente se salve y llegue a gozar de la bienaventuranza celestial (cf. 1 Tm 2,4); el Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos (cf. Mt 5,45); el Dios que no ha venido para que le sirvan sino para servir (cf. Mt 20,28); el Dios que ha constituido a la Iglesia para que esté en el mundo, pero no del mundo, y para ser instrumento de salvación y de servicio.

….Esto es muy importante si se quiere superar la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos que en realidad representan —a pesar de sus justificaciones y buenas intenciones— un cáncer que lleva a la autorreferencialidad, que se infiltra también en los organismos eclesiásticos en cuanto tales y, en particular, en las personas que trabajan en ellos. Cuando sucede esto, entonces se pierde la alegría del Evangelio, la alegría de comunicar a Cristo y de estar en comunión con él; se pierde la generosidad de nuestra consagración (cf. Hch 20,35 y 2 Co 9,7).

…Permítanme decir dos palabras sobre otro peligro, que es el de los traidores de la confianza o los que se aprovechan de la maternidad de la Iglesia, es decir de las personas que han sido seleccionadas cuidadosamente para dar mayor vigor al cuerpo y a la reforma, pero —al no comprender la importancia de sus responsabilidades— se dejan corromper por la ambición o la vanagloria, y cuando son delicadamente apartadas se auto-declaran equivocadamente mártires del sistema, del «Papa desinformado», de la «vieja guardia»…, en vez de entonar el «mea culpa». Junto a estas personas hay otras que siguen trabajando en la Curia, a las que se les da el tiempo para retomar el justo camino, con la esperanza de que encuentren en la paciencia de la Iglesia una ocasión para convertirse y no para aprovecharse. Esto ciertamente sin olvidar la inmensa mayoría de personas fieles que allí trabajan con admirable compromiso, fidelidad, competencia, dedicación y también con tanta santidad.

Queridos hermanos:

Comencé este nuestro encuentro hablando de la Navidad como la fiesta de la fe, ahora quisiera concluirlo evidenciando que la Navidad nos recuerda que una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer; una fe que no nos interroga es una fe sobre la cual debemos preguntarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe estar animada; una fe que no nos conmueve es una fe que debe ser sacudida. En realidad, una fe solamente intelectual o tibia es sólo una propuesta de fe que para llegar a realizarse tendría que implicar al corazón, al alma, al espíritu y a todo nuestro ser, cuando se deje que Dios nazca y renazca en el pesebre del corazón, cuando permitimos que la estrella de Belén nos guíe hacia el lugar donde yace el Hijo de Dios, no entre los reyes y el lujo, sino entre los pobres y los humildes.

Ángel Silesio, en su Peregrino querúbico, escribió: «Depende sólo de ti: Ah si pudiera tu corazón ser un pesebre, Dios nacería niño de nuevo en la tierra».

Con estas reflexiones renuevo mis más fervientes deseos de Feliz Navidad para ustedes y sus seres queridos. Gracias.”

 El cambio, como Francisco nos lo dice tan claro y directamente, no es fácil. Una fe que no nos estremece, es de hecho una fe que debe ser sacudida a fin de permitir que Dios nazca y renazca en el pesebre de nuestros corazones.

A pesar de las promesas incumplidas, a pesar de las tentaciones de cinismo e indiferencia, en todas las sociedades durante este periodo del Año Nuevo, en reuniones de gabinete o de cuerpos diplomáticos para evaluación y re-orientación como también en las sencillas listas de resoluciones de los niños con expectativas de la llegada de la próxima Navidad y los Santos Reyes para recibir sus regalos por haber sido buenos, todos esperamos y queremos hacer nuestra parte para que 2018 sea un año mejor.

No es demasiado tarde para hacer nuestra propia resolución

¡Feliz año nuevo!

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